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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 59

Justo en ese instante.

Una mano firme agarró su brazo y, con un tirón decidido, la envolvió en un cálido abrazo.

Un inconfundible aroma a loción cara invadió sus sentidos.

Enrique.

El corazón de Renata dio un salto. Sus dedos se aferraron instintivamente al borde del saco del hombre, mientras él deslizaba el brazo alrededor de su cintura, atrayéndola aún más hacia su pecho.

Renata se quedó paralizada...

Entonces escuchó la voz gélida de Enrique resonando sobre ella. "Si tiene algo que tratar, señor Zaldívar, puede decírmelo a mí."

César le lanzó una mirada carente de emoción a Renata, luego clavó sus ojos en Enrique y esbozó una sonrisa cargada de sarcasmo.

"¿A usted? La señorita Yepes es solo su empleada en la empresa, pero lo que yo tengo que tratar con ella es un asunto completamente personal. No veo cómo le concierne."

Al terminar la frase, el ambiente se volvió tan denso que parecía estar al borde del congelamiento.

Renata sintió cómo la tensión en el hombre a su lado se multiplicaba, su aura se volvió gélida.

Se mordió el labio y empujó levemente a Enrique, con la intención de decir algo y calmar las aguas.

Pero en lugar de soltarla, Enrique le sujetó la mano con fuerza, acercándola aún más a su costado, en un gesto cargado de territorialidad absoluta.

Dirigiéndose a César, soltó: "Renata es mi novia."

De golpe.

A Renata le zumbaron los oídos, incapaz de creer lo que acababa de escuchar...

"Así que, si planea discutir asuntos personales con mi novia, le aseguro que sí me importa." Enrique extendió su mano derecha hacia César, con frialdad desafiante. "¿No cree, señor Zaldívar?"

La mirada de César se ensombreció. Apretó la mano de Enrique, y la tensión entre ambos fue palpable.

"Ya veo. Si el señor Yáñez no me hubiera aclarado hoy que Renata es su novia, habría jurado que los rumores eran ciertos y que la señorita Zapata era la dueña de su corazón."

Renata se tensó. El aire a su alrededor parecía haber descendido a temperaturas bajo cero en cuestión de segundos.

Enrique entrecerró los ojos, apretando con más fuerza la mano del otro hombre.

"Ahora que lo sabe, le sugiero que se abstenga de buscar a mi novia en privado."

César esbozó una media sonrisa, lanzándole una última mirada llena de significado a Renata.

Retiró la mano y, sin decir una palabra más, se dio la vuelta y se marchó.

Camilo Falla, que había estado observando a lo lejos, se acercó a su jefe con el corazón latiéndole a mil por hora.

"Señor Zaldívar, con la situación actual... ¿seguimos con los planes de regresar a Santa Clara hoy? Ya tengo confirmados los boletos para el vuelo nocturno."

César no pronunció palabra. Caminó hacia el Maybach, abrió la puerta y se sentó en la parte trasera. Bajó la ventanilla, clavó la vista en la pareja que se había quedado atrás, encendió un cigarrillo y su perfil se endureció como la piedra...

Camilo, sin atreverse a adivinar lo que pasaba por la mente de su jefe, subió al asiento del conductor y encendió el motor.

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