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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 60

Aunque, al final, ya no importaba.

Hoy mismo se iría, y entonces él se enteraría de toda la verdad.

O quizá incluso antes; cuando regresara a la casa esta noche junto con la Sra. Yáñez, descubriría todo.

"Está bien..." respondió con frialdad.

Enrique notó su breve duda, pero al ignorar la verdadera razón, asumió que seguía resentida porque no le había contestado las llamadas esa mañana...

Apretó los labios, le apartó con suavidad un mechón de cabello del rostro y le preguntó con una voz baja, intentando contentarla: "¿A dónde vas ahora? Yo te llevo."

Ese nivel de cercanía.

Era lo que Renata había anhelado desesperadamente en el pasado. Antes, un simple roce de manos bastaba para que se sonrojara y el corazón le diera un vuelco.

Pero ahora...

Su corazón estaba congelado.

Con el rostro inexpresivo, dio un paso atrás, a punto de rechazarlo.

En ese momento, sonó un tono de llamada muy particular.

Ximena.

Enrique retiró la mano casi al instante, como si un segundo de demora fuera una traición imperdonable hacia la joven. Sacó el teléfono del bolsillo y miró la pantalla, dejando que una sombra oscura oscureciera su mirada...

Al ver eso, Renata apretó los dedos instintivamente.

Menos mal, pensó para sí misma. Menos mal que ya estaba completamente desilusionada de él.

Si no, en ese instante estaría destrozada. Era como si le hubieran dado una cucharada de miel solo para después abofetearla.

¡Qué humillación!

"Seguro te necesita para algo urgente. Me voy", soltó con tono indiferente, dándose la vuelta para marcharse.

Enrique le envió un mensaje rápido, la alcanzó y la tomó del brazo. Su agarre era cálido, firme y no admitía negativas. "Te llevo."

Renata se quedó sin palabras, sorprendida por su insistencia...

Sin embargo, un segundo después, el dichoso tono especial volvió a sonar.

Vio cómo Enrique bajaba la vista hacia la pantalla; su ceño se frunció con preocupación antes de volver a mirarla, esta vez con duda en los ojos...

Renata parpadeó lentamente.

Después de tres años a su lado, entendía su lenguaje corporal a la perfección.

Iba a correr a buscar a Ximena.

No la iba a acompañar.

Siempre era la misma historia.

Renata apretó los puños, se soltó bruscamente de su agarre y forzó una sonrisa desganada. "No te preocupes. Ve con ella. Yo puedo irme sola."

Enrique, en efecto, estaba ansioso por irse.

Pero verla sonreír con tanta apatía, dándole permiso para irse con Ximena con tanta indiferencia, lo desestabilizó.

Sintió un vacío extraño en el pecho, como si algo invaluable se le estuviera escapando de las manos... En el pasado, ella habría insistido en quedarse a su lado.

Es solo culpa, se convenció a sí mismo.

Capítulo 60 1

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