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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 62

—Todo el día pegado a esa señorita Ximena. Hace unos años, el señor no era así... —murmuró la empleada.

Arriba.

Tras entrar a su habitación, Renata empacó todas sus cosas y las metió en una maleta.

En realidad, muy poco de lo que había en esa inmensa casa le pertenecía de verdad.

Una sola maleta grande fue suficiente.

Al terminar, miró a su alrededor. Observar el lugar donde había vivido los últimos tres años inevitablemente hizo que sus ojos se humedecieran.

Porque ahí se escondía toda su vulnerabilidad.

Todo su sufrimiento.

Toda su lucha silenciosa.

Y... ese amor inalcanzable, esa ilusión desesperada que nunca dio frutos.

Todo eso se disolvió en un suspiro cargado de amargura.

Renata sacó la maleta al pasillo. Como aún era temprano y faltaba rato para que llegara la Sra. Yáñez, tomó su tableta, se sentó en el sofá y se puso a dibujar algunos bocetos.

Apenas iba a empezar a trazar la primera línea, un mensaje de Mateo Linares apareció en la pantalla:

[Renata, ya hablé con los organizadores del Gran Concurso de Diseño. No olvides inscribirte, recuerda que los cupos son limitados.]

[En cuanto lo hagas, enfócate de lleno en tu preparación. La Etapa Preliminar de Diseño será la próxima semana. Sé que la vas a romper.]

[Por cierto, el maestro Zamora y yo estaremos ahí en la preliminar. ¡Ese será el momento perfecto para revelar tu identidad!]

Renata sintió un calor reconfortante en el pecho y respondió:

[Lo haré.]

Mateo: [Cambiando de tema... ¿Enrique ya sabe que te vas?]

Renata bajó la mirada y tecleó:

[Aún falta un poco para eso.]

Mateo: [Bien, ¡ya quiero ver la cara de arrepentimiento que pondrá Enrique!]

[Te lo digo en serio, Renata, los hombres conocemos a los hombres. Hoy, en la exhibición, la forma en que Enrique te miraba era muy distinta...]

[¡Te juro que creo que siente algo por ti!]

¿Sentir algo?

Renata negó con la cabeza frente a la pantalla.

¿Cómo iba a sentir algo por ella Enrique?

La mujer a la que él amaba era Ximena Zapata.

Ella solo había sido un peón en su tablero, un escudo útil.

Siguieron charlando un rato más por mensajes, y luego Renata se concentró de nuevo en sus diseños.

Quizás fue el agotamiento de los últimos dos días, la tremenda presión psicológica o la temperatura agradable de la casa, pero sin darse cuenta, se quedó dormida acurrucada en el sofá.

Cuando volvió a abrir los ojos, la luz del sol se filtraba débilmente iluminando su rostro.

Renata parpadeó, aún desorientada. Tenía el cuerpo entumecido por haber dormido en una mala postura. Por instinto, intentó acomodarse.

Capítulo 62 1

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