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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 63

[Ven al Café de Pepe, el mismo lugar de siempre. Tengo algo que decirte.]

Al leer el mensaje, a Renata se le formó un nudo en el estómago.

Pero un segundo después, reflexionó: ella tenía la conciencia limpia, no había hecho nada malo. ¿Por qué iba a sentir ansiedad o temor?

Durante estos tres años, había permitido que esa familia la manipulara psicológicamente, anulando su propia voluntad y atándola a sus reglas.

¡Quienes deberían estar llenos de ansiedad y pánico eran Enrique y Ximena, no ella!

Renata se dio un golpecito en la frente, molesta consigo misma, y respondió:

[De acuerdo, voy para allá.]

Tras enviar el mensaje, subió corriendo, se cambió de ropa a toda prisa, tomó las llaves del auto y salió.

Inés, viéndola correr escaleras arriba y abajo, se acercó a la puerta.

—Señorita, ¿no va a desayunar? Ya sabe que sufre del estómago, si no come nada se va a sentir mal más tarde...

Al escuchar la mención a su dolor de estómago, los pasos de Renata se detuvieron.

Fue inevitable recordar cómo se había arruinado su salud. Todo fue por aquellos años acompañando a Enrique a un sinfín de cenas de negocios, tomando alcohol sin parar para protegerlo.

Y ahora, el karma le estaba pasando factura...

Renata respiró hondo, giró levemente la cabeza y respondió con voz ronca:

—¡No te preocupes, Inés!

Al escucharla, Inés suspiró con pesadumbre. Se dio la vuelta para volver a la cocina, y al ver la puerta cerrada de la habitación de Enrique, no pudo evitar murmurar:

—No viene a dormir, ignora por completo a su novia... ¿Cómo puede tratar a alguien así? Esto no es un noviazgo. El día menos pensado, esta pobre chica va a huir lejos de él.

...

Renata condujo directo al Café de Pepe.

Estacionó el auto y se bajó.

Como la noche anterior había nevado ligeramente, las calles de la ciudad estaban cubiertas por una fina y hermosa capa blanca.

Pisando la nieve, caminó hacia la elegante cafetería de la esquina y empujó la puerta con decisión.

Con un crujido, la campanilla colgada del marco sonó con un tono cristalino.

De inmediato, sus ojos localizaron a la Sra. Yáñez. Estaba sentada impecablemente en la mejor mesa del local, junto a una ventana con excelente iluminación.

El rostro de la mujer lucía perfecto, cuidado al milímetro. Llevaba un collar de esmeraldas de diseño exclusivo, demostrando la elegancia y el lujo del dinero viejo. Sobre la mesa descansaba su bolso Hermès, una pieza que no bajaba de los veinte mil dólares.

Lujos inalcanzables para una persona común, que para ella eran simplemente sus accesorios de diario.

Para ser justos, en el día a día, la Sra. Yáñez siempre la había tratado con amabilidad. Nunca le faltó nada en cuanto a comodidades materiales, y siempre le hablaba con un tono cordial...

Pero, claro, eso era siempre y cuando los intereses de la familia no se vieran amenazados.

Renata apretó los labios.

Capítulo 63 1

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