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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 12

C12- HOLA, ANGELA

En la mansión Russo, Jimena se sentó frente al espejo de su tocador y comenzó a peinar su largo cabello rubio con movimientos mecánicos. Llevaba puesto un camisón de seda, pero sus ojos no se concentraban en su reflejo, sino en los pensamientos que giraban en su mente como un torbellino.

La llegada de Aurora había sido como una bomba en medio de sus planes.

Durante esos ocho años, Jimena se había mantenido deliberadamente al lado de Angelo, esperando con paciencia, conquistándolo lentamente. Se había convertido en su confidente, en su apoyo, en la mujer que siempre estaba ahí cuando él la necesitaba. Y ahora, en cuestión de minutos, Aurora había regresado y Angelo la había mirado como si el tiempo no hubiera pasado.

—¿Cómo debo interpretar eso? —se preguntó —¿Acaso siempre tuviste sentimientos por ella? ¿Acaso era mentira tu indiferencia todos estos años?

Sin darse cuenta, aumentó la firmeza de su mano en el cepillo, tirando de su propio cabello con más fuerza de la necesaria.

—No —susurró con rabia—. Claro que no... Tú no eres nada, Aurora... solo una maldita huérfana que se metió en mi camino para llegar a él.

Siguió peinando su cabello mientras su mente viajaba al pasado, a ese día que había marcado su destino. Estaba en el despacho de su padre, con las manos temblorosas y el corazón acelerado.

"No quiero casarme con Alan Russo, papá" Le había dicho, intentando que reconsiderara. "A mí me gusta Angelo."

Pero su padre, un hombre alto e imponente, la había mirado como si fuera una niña caprichosa.

"No seas estúpida, Jimena. Quien va a heredar todo es Alan, no Angelo. Y tú, como miembro de esta familia, tienes que hacer lo mejor para todos. Y lo mejor es casarte con Alan Russo."

La impotencia la abrumó en ese momento, la rabia y la frustración de saber que su vida estaba siendo decidida por otros.

Volvió al presente y notó que sus ojos estaban rojos de rabia en el reflejo del espejo.

—No volveré a dejar que nadie se interponga —prometió—. Nadie... menos tú, Aurora. Así que por tu bien... divórciate y lárgate.

Una lágrima solitaria cayó sobre su mejilla y justo en ese momento, la puerta se abrió ligeramente y una cabecita se asomó.

—Mami...

Jimena se secó rápidamente la lágrima y dejó el cepillo sobre el tocador y se giró para mirar a su hijo.

—¿Qué pasa, William? —preguntó, intentando que su voz sonara normal.

—¿No te gusta ver a papá porque no quieres verlo dormido? —preguntó con inocencia.

Jimena apretó los labios antes de apartarse y luego forzó una sonrisa.

—Sí, es eso... me duele ver a papá así.

William sonrió tristemente.

—El tío dice que él va a despertar, y yo le creo... y así podré tener un papá... y tú serás feliz, mami.

Jimena sonrió, pero por dentro, lo que más deseaba era que Alan Russo jamás despertara del coma. Que mejor muriera de una vez por todas y la dejara libre para poder estar con Angelo.

—Claro, mamá también quiere lo mismo —mintió, acariciando la mejilla de su hijo—. Ahora ve a dormir, es tarde.

Después de un rato, William salió de la habitación de su madre y fue a la suya. Se dejó caer en la cama y tomó su iPad y una sonrisa iluminó su rostro cuando vio un mensaje en la pantalla.

Escribió rápidamente: "Hola, Angela."

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