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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 13

C13- CRUZAR EL OCÉANO.

La noche caía sobre Nueva York y la habitación de Angela quedaba iluminada solo por la pantalla del iPad y las estrellas fosforescentes pegadas en el techo. Eran puntitos verdes y azules que ella había colocado con su mamá una tarde cualquiera, en las paredes, los dibujos de crayones se amontonaban torcidos, algunos con nombres mal escritos, otros con figuras que solo ella entendía.

Angela, de ocho años, estaba sentada en la cama, con las piernas cruzadas y los auriculares puestos, jugando Roblox con William, que llevaba meses siendo su amigo aunque viviera tan lejos, en una ciudad llamada Londres.

Se habían conocido por el chat del juego, primero como dos avatares torpes, luego como voces que ya se reconocían sin dudar.

—¡Cuidado, cuidado! —dijo William riéndose—. Te van a rodear.

—No, mira, mira —respondió Angela, moviendo los dedos rápido—. Aquí hago esto… y ya.

Ambos rieron cuando el personaje enemigo cayó.

La conversación iba y venía con la naturalidad de dos niños que no necesitaban esforzarse para sentirse acompañados. Hablaron de un nivel nuevo, de un error del juego, de una skin que a William no le gustaba, hasta que él bajó un poco la voz, con una idea en mente.

—Oye, Angela… ¿No sería genial si pudiéramos jugar juntos… en persona? Mi tío dice que Londres es increíble en verano, hay un parque enorme cerca de casa, con columpios altísimos. Te empujan tan fuerte que sientes que vuelas.

Angela sonrió y sus ojos brillaron, pero el gesto se le apagó rápido. Bajó la mirada hacia la funda del iPad, mordió su labio.

—Mi mamá… dice que los viajes son muy caros —contestó—. Y que su trabajo no la deja. La pobre trabaja mucho… aunque ahora está de viaje.

Hubo un silencio corto e incómodo, pero William fue el primero en romperlo.

—Entonces… ¿jugamos Fighter's Legacy? Es nuevo.

—Sí —dijo Angela enseguida—. Vamos.

Eligieron una arena amplia y cuando empezó la pelea, algo cambió en ella. Su cuerpo se tensó, sus dedos se movieron con rapidez. Bloqueó, esquivó, atacó sin dudar. El avatar de William retrocedía una y otra vez hasta que cayó derrotado.

Por el auricular se oyó la risa de William, sorprendida y feliz.

—¡Wow! ¡Eres increíble, Angela! ¡Peleas como… como un profesional! ¡Como un Seal!

La chiquilla levantó el mentón, inflada de orgullo, sin pensar demasiado antes de hablar.

—¡Claro! Porque cuando sea grande voy a ser una Seal de verdad. La mejor. Así podré… —se detuvo un segundo recordando su sueño—. Así podré viajar por todo el mundo.

—¿En serio? —exclamó William—. ¡Pero si mi tío es un Seal! Bueno, era. Ahora está retirado. ¡Y pelea igual que tú! Lo he visto entrenar en el gimnasio de casa, hace esos mismos movimientos rápidos.

El silencio cayó del lado de Angela y sus dedos dejaron de moverse.

—¿Tu… tu tío… es un Seal? —preguntó al fin, más bajito—. ¿De los de verdad, de la marina?

Pero no se durmió.

Miró las estrellas del techo, con los ojos muy abiertos y de repente se levantó despacio, fue al escritorio y abrió un cajón. Sacó una hoja doblada con cuidado. Era un dibujo hecho con crayones: de un hombre alto, de cabello oscuro y ojos azules, coloreados una y otra vez para que quedaran perfectos y llevaba un uniforme parecido al de un marine.

Angela pasó sus dedos pequeños por el contorno del rostro dibujado y lo besó con suavidad.

—Buenas noches, papito —susurró—. Un día te encontraré.

Guardó el dibujo y volvió a la cama.

Y miró fijamente las estrellas, sus ojos reflejaban esos puntos de luz, su expresión se calmó y una sonrisa dulce, llena de decisión, apareció en su rostro.

Pensó en William. En su tío. En los Seals.

Y así fue como llegó la idea.

«El tío de William conoce a muchos Seals… ¿y si conoció a mi papá? ¿Y si sabe cómo encontrarlo? Tengo que conocer al tío de William. Tengo que ir a Londres.»

Con esa idea girando en su mente, Angela cerró los ojos y la sonrisa no desapareció. No era solo un sueño infantil, era el inicio de un plan, pero… ¿cómo logrará una niña de ocho años cruzar el océano?

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