C14- LA COMPETENCIA HA LLEGADO.
LONDRES.
La cafetería de lujo despertaba con la calma elegante de una mañana soleada en el centro de Londres. Aurora estaba sentada junto a la ventana y frente a ella, permanecía una taza de café intacta, con el vapor ya casi disipado.
—Sí, señor Santini… comprendo —dijo en voz baja, sosteniendo el teléfono junto a su oído—. Solo quiero el documento listo para firmar. En cuanto a lo demás, puede decirle que no quiero nada de la familia Russo. Ni propiedades, ni fondos, ni acciones. Solo mi libertad.
Escuchó en silencio, con el mentón apenas levantado, como si esa postura la ayudara a no ceder.
—Perfecto. Le enviaré un correo confirmándolo. Gracias.
Colgó. Dejó el teléfono sobre la mesa y, por primera vez, exhaló despacio, como si hubiera estado conteniendo el aire durante demasiado tiempo. Miró su reloj de pulsera y frunció apenas el ceño.
«La abuela debería llegar pronto.»
Tomó la cucharita y la movió dentro de la taza, creando pequeños remolinos oscuros que se deshacían rápido. Ese gesto distraído no lograba ocultar lo que le apretaba el pecho. Pensó en la abuela, en su voz cada vez más débil, en las sonrisas forzadas para no asustarla y pensó en lo poco que quedaba, esa idea le apretó el corazón.
No estaba preparada y quizás nunca lo estaría.
Porque para Aurora, ella no era solo una abuela.
Era su madre.
La mujer que le había dado amor, que la había criado y que ahora se apagaba despacio.
La propuesta también volvió a cruzarle la mente, pero sabía lo que significaba aceptarla, conocía el precio y una vez más, su libertad estaba en juego, justo cuando estaba a punto de recuperarla.
—Aurora.
La voz masculina la sacó de golpe de sus pensamientos, alzó la vista y se encontró con unos ojos conocidos.
Logan Thorne estaba de pie frente a ella, con un traje impecable y sonreía con una calidez que no fingía.
—¿Cuándo llegaste? —preguntó él, acercándose—. O, mejor dicho… ¿cuánto tiempo sin verte?
Aurora recuperó el control y le devolvió la sonrisa, amable, un poco más reservada de lo que había sido al inicio.
—Logan —dijo—. Qué sorpresa.
Él sonrió con esa seguridad que ella recordaba y de repente tomó su mano y, con una galantería natural, elevó sus nudillos para dejar un beso suave en el dorso. Luego, sin soltarla del todo, se inclinó y besó cada una de sus mejillas.
Fue un gesto breve, correcto… y aun así, el rubor subió por el cuello de Aurora sin pedir permiso.
—¿Qué haces aquí tan temprano? —preguntó él.
—Quedé en desayunar con la abuela.
Logan asintió y su sonrisa cambió, volviéndose respetuosa.
La risa de Aurora escapó sin que pudiera detenerla.
Fue breve, genuina y liberadora.
Y en ese instante, un mechón rebelde cayó sobre su rostro. Logan alargó la mano casi por reflejo y lo apartó detrás de su oreja con una delicadeza que hablaba de confianza, de recuerdos compartidos, sus dedos rozaron su piel apenas un segundo de más.
Entonces la puerta de la cafetería se abrió y Angelo entró junto a la abuela.
Adelina avanzaba despacio, apoyada en su bastón, pero su presencia llenó el lugar, mientras que Angelo caminaba a su lado, atento… hasta que los vio.
Vio a Aurora sonriendo.
Vio a Logan frente a ella.
Vio la cercanía, la complicidad, la mano aún demasiado cerca de su rostro. Y algo le estalló por dentro, la sangre le subió al rostro y la mandíbula se le endureció hasta doler. Una especie de rechazo visceral a la idea de que otro hombre ocupara ese espacio.
Mucho menos Logan, su amigo y socio.
Adelina siguió la dirección de su mirada y observó la escena con atención tranquila. Una ceja se arqueó y luego se inclinó hacia su nieto y, con una voz baja, cargada de una ironía afilada y deliciosa, murmuró.
—Bueno… parece que la competencia ha llegado antes que la fiesta de presentación.
Los ojos de Angelo se oscurecieron aún más.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO!