C15- ¡ME LLEVA EL DIABLO!
Tras el gesto íntimo de Logan, el aire cambió. Un frío sutil pareció colarse desde la puerta, Aurora mantuvo su sonrisa, pero ésta se congeló cuando su mirada se encontró primero con la de la abuela y luego, inevitablemente, con la de Angelo.
Adelina se apoyaba con dignidad en el brazo de su nieto. Su vestido gris perla lucía impecable y su rostro era una máscara perfecta de cortesía social, pero sus ojos, brillantes y astutos como los de un halcón, no perdían detalle de la escena que acababa de interrumpir.
—Logan, querido. Qué grata sorpresa verte aquí —dijo la anciana con una sonrisa cálida—. Siempre un caballero entre la multitud.
Su tono era afable, casi maternal, Angelo, por su parte, no dijo nada. Sus ojos, ardientes como carbones recién encendidos, se clavaron primero en la mano de Logan que acababa de retirarse del rostro de Aurora, y luego en el propio Logan.
No era la mirada que un socio dirige a otro; era la de un hombre que acababa de descubrir una traición en su propio territorio.
En cuanto a Aurora, ignoró por completo a Angelo.
En cambio se levantó y se acercó a la abuela tomando sus manos con cariño.
—Abuela, llegas radiante. Logan y yo estábamos rememorando viejos tiempos. Fue una casualidad deliciosa encontrarlo.
Adelina apretó las manos de Aurora con aprobación.
—Por supuesto, tienes derecho a conversar con quien desees, cariño —respondió—. Más ahora, que pronto serás una mujer libre para elegir su compañía.
Dejó caer las palabras como quien no quiere la cosa, pero su efecto fue el de una bomba en medio del elegante café. Logan miró a Aurora con renovado interés, y luego a Angelo, calculando la tensión que crecía entre ellos y sin poder contenerlo una leve sonrisa de comprensión, y quizás de desafío, se formó en sus labios.
Pero el comentario de Adelina golpeó directamente el orgullo de Angelo y sumando a los celos que no reconocía y la frustración que ya hervían en su interior, cuando habló, su voz era un filo.
—Libre es una palabra prematura, ¿no creen? —dijo clavando la mirada en ella—. Los papeles aún no están firmados. Legalmente, ciertas... familiaridades podrían malinterpretarse.
Adelina giró lentamente la cabeza hacia su nieto, con una ceja enarcada en un gesto de total desaprobación.
—Los trámites son solo papel, Angelo —replicó con severidad—. Y el papel lo agiliza quien tiene la voluntad. Yo me encargaré personalmente de que Vittorio tenga todo listo para esta semana.
Luego, miró a Aurora con una ternura que parecía calculada para provocar aún más a su nieto.
—Te llamará Vittorio, cielo.
Aurora asintió, manteniendo una calma que contrastaba violentamente con la tormenta que se reflejaba en los ojos de Angelo.
—Sí, estaré atenta a su llamada para firmar.
—Perfecto —concluyó Adelina. Y, con una teatralidad deliberada, extendió la mano hacia Logan, ignorando completamente a Angelo—. Ayúdame a sentarme, querido. Estas piernas ya no son lo que eran.
Transfirió el peso de la revelación a su nieto con una precisión brutal y el rostro de Angelo se convirtió en un estudio del conflicto interno, el pobre parecía a punto de estallar como una caldera sobrecalentada.
Miró a Aurora, buscando desesperadamente una reacción, pero ella solo giraba su taza de café ignorándolo. La ironía de la situación lo golpeó como una bofetada. Había acompañado a la abuela deliberadamente. No tenía un propósito claro cuando se ofreció, solo sabía que necesitaba verla. Porque quizás, en algún rincón ingenuo de su mente, había imaginado que su abuela, los dejaría solos en algún momento.
Un minuto, cinco, lo que fuera suficiente para intentar... ¿qué exactamente? ¿Hablar? ¿Rogar? ¿Amenazar?
Pero ahora su propia abuela, en vez de tenderle una mano, lo empujaba directamente al precipicio. Una fiesta para Aurora. Una fiesta para exhibirla como soltera ante toda la alta sociedad.
«¡Me lleva el diablo!»
Incapaz de soportar más la situación, Angelo soltó el hombro de Logan y dio media vuelta, su voz emergió como un gruñido de rabia apenas contenida.
—Vamos.
Logan, ofreció una sonrisa cortés antes de irse y seguirlo a la salida.
Aurora finalmente alzó la vista del café y observó la espalda rígida de Angelo alejarse, pero Adelina con una sonrisa satisfecha, tomó la mano de Aurora sobre la mesa con un gesto cómplice.
—Bueno, parece que la fiesta será mucho más interesante de lo que yo misma había planeado. Los fuegos artificiales podrían empezar antes del espectáculo principal.

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