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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 18

C18- OJALÁ TE MUERAS.

La habitación del hospital privado era un estudio en blancos y grises, interrumpidos solo por el verde y rojo de los monitores que vigilaban constantes vitales.

Jimena estaba de pie junto a la cama donde yacía Alan Russo, su esposo, conectado a máquinas que monitoreaban con pitidos rítmicos una vida que apenas se aferraba al cuerpo.

Pero no había amor en la mirada de Jimena, solo una observación fría, calculadora y llena de resentimiento. Sus manos, enguantadas en cuero fino, se apretaron a los lados de su cuerpo y lentamente se inclinó hacia el hombre inmóvil,

—Ojalá te mueras y me dejes en paz finalmente —susurró en su oído.

Cada palabra era un clavo imaginario en el ataúd que ella ya había preparado mentalmente para él. Y así la imagen del Alan en coma se difuminó en su mente, reemplazada por un recuerdo vívido, lleno de color y rabia.

Era la última discusión, en lo que había sido su casa, antes de mudarse a la mansión Russo. Alan, estaba vivo, furioso, con los ojos inyectados en sangre y la había enfrentado sin piedad.

—¡No sigas mintiendo, Jimena! ¡Eres una hipócrita, una traidora! ¡Una maldita actriz que ha vivido a mi costa! ¡Pero se te acabó la función! ¡Voy a destapar toda tu porquería, tu affair vergonzoso, y todo el mundo va a ver tu máscara caer!

Jimena, fría al principio, había intentado defenderse.

—Si lo haces, Alan, no solo me hundes a mí. Hundes a todos. La empresa se desplomaría con el escándalo. Tu preciosa familia, los Russo, serían el hazmerreír de la alta sociedad. ¿Vale la pena?

La decepción en el rostro de Alan había sido tan profunda que dolía mirarlo.

—Prefiero ver a la empresa en la quiebra y a mi familia manchada, pero limpia de tu veneno, a seguir un segundo más casado contigo. Te quiero lejos de mi vida y para siempre.

Él se había dado la vuelta para marcharse, fue entonces cuando el pánico verdadero se apoderó de Jimena y corrió tras él, agarrándolo del brazo, su voz quebrada por el terror.

—¡Alan! Te lo ruego, por favor... ¡No lo hagas! Yo... estoy embarazada.

—¿Qué quieres?

—Los rumores vuelan, Jimena —respondió una voz masculina al otro lado, serena, calculadora, con un dejo de satisfacción—. ¿Es verdad? ¿Es cierto que Angelo será pronto un hombre... libre?

Los dedos de Jimena se apretaron alrededor del teléfono, conteniendo la ola de emoción que la pregunta provocaba: rabia por Aurora, esperanza por su plan y deseo por Angelo.

—Todo apunta a que sí. Él va a divorciarse de ella.

—Bueno... entonces tu oportunidad ha llegado —continuó la voz, ahora con una sonrisa audible—. Es tu momento de... atraparlo. Después de tanto tiempo esperando en las sombras, es hora de que la futura Sra. Angelo Russo tome su lugar. ¿No crees?

Jimena miró una vez más hacia la cama donde Alan yacía inmóvil y una sonrisa lenta, calculadora, se dibujó en sus labios rojos.

—Sí. Creo que es exactamente lo que voy a hacer.

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