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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 19

C19- ¡LLÉVAME CONTIGO!

La salida de la escuela primaria era un caos ordenado.

Había niños corriendo, mochilas golpeando espaldas, voces que se mezclaban con el ruido de la calle. Angela salió entre ellos, pero no corrió. Caminó despacio, con la mochila cargada de libros tirándole de los hombros. Su mirada estaba perdida, como si siguiera viendo otra pantalla, otro lugar.

Londres.

William hablando de su tío, de los Seals y también esa posibilidad que no la dejaba dormir: encontrar a su padre.

Mientras tanto, Mike la esperaba apoyado en el auto, con una sonrisa.

—¿Cómo fue el día, pequeña genia?

Angela se encogió de hombros.

—Bien.

Dio dos pasos más y agregó, sin mirarlo:

—Regular.

Mike frunció el ceño y se inclinó un poco para quedar a su altura.

—¿Qué sucede cariño? Por lo general estarías contándome tu día… y hoy estás muy callada.

Angela negó suavemente.

—Nada, solo quiero ir a casa.

Mike soltó un suspiro y tomó su mochila.

—Ok, pero… tengo tus Twinkies favoritos en el auto.

—Gracias, tío Mike —dijo ella, sin entusiasmo.

Dentro del auto, el ruido quedó afuera y Angela apoyó la frente en la ventana y miró los edificios pasar. Mike habló del fin de semana, de una película que podían ver, de una hamburguesa enorme que conocía.

Ella asentía sin escucharlo, hasta que él soltó la frase sin medirla.

—No te pongas así, Angie. Tu mamá volverá de Londres pronto, lo prometió.

Angela se quedó inmóvil y giró la cabeza despacio. Sus ojos ya no estaban tristes, sino que brillaban con algo distinto: shock.

—¿Mami está en Londres?

Mike sonrió, confiado.

—Sí. Está arreglando unos asuntos allá. Son… un poco complicados. Pero me dijo que volvería antes de que te vayas de campamento.

Angela se quedó en silencio un segundo y pronto volvió a mirar por la ventana. No dijo nada más, pero su cabeza empezó a trabajar.

«Si mamá está en Londres… entonces Londres no es imposible. Y si voy con mamá… podría conocer al tío de William. Y… él ¡puede encontrar a papá!»

El plan se armó solo, simple, claro, como todo en su mundo.

Una sonrisa se formó suavemente, ya la primera parte estaba resuelta, ahora solo faltaba convencer a su madre.

Ese día, después de llegar a casa, Mike dejó frente a ella un Reese's Peanut Butter Cups, su dulce favorito, pero Angela no lo tocó. Se quedó sentada, con las manos juntas sobre el regazo.

—¿Estás bien? —preguntó él—. Ni siquiera has probado tu chocolate.

Angela bajó la mirada, sus hombros se encorvaron un poco y cuando habló, su voz era pequeña.

—¡Woooo! ¡Woooo!

—Angela, cariño, soy mamá… —dijo Aurora, cerrando los ojos.

—¿Ma-mami? —respondió la niña, hipando.

—Sí, amor, soy yo… mamá está aquí…

—¡TE EXTRAÑOOOO! —gritó Angela—. ¡QUIERO VERTE, QUIERO ESTAR CONTIGO! ¡Woooo!

El rostro de Aurora se contrajo y apretó los labios para no quebrarse.

—Mi amor, mamá también te extraña, pero ahora estoy…

—¡NO! —la interrumpió Angela, con un berrinche crudo y desesperado—. ¡QUIERO VERTE! ¡QUIERO VERTE, MAMI! ¿YA NO ME QUIERES? ¿YA NO QUIERES A ANGELA? ¡Woooo!

El golpe fue directo y Aurora negó rápido, como si la niña pudiera verla.

—¿Cómo no te voy a querer? Claro que sí, eres todo para mí.

—¡Entonces llévame! ¡QUIERO IR CONTIGO! —insistió Angela, con la voz rota—. ¡QUIERO ESTAR DONDE ESTÁS TÚ! ¡DILE AL TÍO QUE ME LLEVE! ¡DILE QUE ME LLEVE…! ¡Woooo!

Aurora se congeló.

—¿Traerte? ¿A… Londres?

Aurora se pasó una mano por el pelo, sintiendo cómo todas sus cuidadosas planificaciones se desmoronaban ante el llanto de su hija.

Traer a Angela significaba exponerla a un mundo del que la había mantenido protegida durante ocho años. Significaba arriesgarse a que Adelina, Angelo y toda la familia Russo descubriera su existencia.

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