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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 21

C21- NADIE TE TOCA.

El aire se volvió pesado y Aurora sostuvo su mirada sin parpadear. Pero por dentro, el dolor le quemaba.

Ocho años.

Ocho años sola, embarazada, criando, sobreviviendo. Ocho años sin una llamada y sin una sola pregunta.

¿Qué clase de marido era ese?

Así que sonrió, fría.

—¿Eso es lo que te tiene así? —dijo burlona—. Ya cálmate, piensa en tu hígado. Logan solo me invitó a cenar, hay un restaurante nuevo y dijo que era bastante bueno, ¿feliz?

No mentía.

Logan era un viejo conocido de la familia y siempre le había caído bien, por eso aceptó sin problemas.

Sin embargo, la reacción de Angelo fue inmediata. Fue como si le hubieran dado una patada directa al orgullo.

«¿El maldito la invitó a salir?»

Y pensó en la pregunta que le hizo esa mañana, que si le gustaba su mujer y el imbécil solo le dio una respuesta evasiva, pero ahora todo encajaba.

La rabia le subió sin freno y en dos pasos la acorraló contra la pared.

No la tocó, pero la cercanía era brutal.

—Mientras sigamos casados —le advirtió peligroso— no ves a nadie. No sales con nadie. No aceptas ni un maldito vaso de agua de nadie. ¿Quedó claro?

Aurora tragó saliva, estaba nerviosa por su cercanía. Pero no iba a ceder, por eso se burló.

—¿Ah, sí? Qué patético te ves, Angelo. Ahora dime… ¿quién es el inmaduro?

Lo empujó con brusquedad y se alejó. Luego se giró y señaló la puerta.

—Vete. No hay nada más de qué hablar. Y por favor… trata de no aparecerte frente a mí. Me desagradas.

Algo se rompió en Angelo, pero sonrió. Frío. Más frío que nunca.

—¿Te desagrado? —escupió—. ¿Ahora te desagrado? Tú, que me perseguías hasta cuando iba al baño. ¿Ya olvidaste que eras una celópata en acción?

A Aurora le ardieron las mejillas, a decir verdad le avergonzó recordarlo. Era verdad, pero tenía dieciocho años, estaba enamorada y era ingenua.

Angelo estaba furioso, herido y ya fuera de control.

—No tienes idea de lo que estás haciendo —dijo, con una risa dura—. Te vas a equivocar.

Aurora se rió.

—Tranquilo. Tú no estás en mi lista de prospectos, si eso es lo que te preocupa. Ya aprendí a elegir, esta vez escogeré al mejor.

El orgullo de Angelo sangró, pero ahora fue su turno de burlarse.

—¿Sí? ¿Eso crees? Pues lamento informarte, que eso me corresponde a mí —soltó, arrogante—. No a ti.

Aurora frunció el ceño, sin entender. Angelo mantuvo la sonrisa y dio un paso más, quedando a centímetros de ella.

—Yo elegiré al mejor candidato —afirmó—. Y si alguno logra cumplir los requisitos... entonces podrá hacerte su esposa.

Extendió la mano y tomó un mechón de su cabello entre los dedos, con lentitud.

—Hasta entonces —añadió— nadie te toca.

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