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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 23

C23- LO QUE UN SEAL, ES CAPAZ DE HACER.

El departamento era bonito, había muebles sencillos y modernos que Aurora había elegido con cuidado, pensando más en la calma que en el lujo y en cuanto entraron, Angela soltó el asa de su pequeño equipaje y salió corriendo, olvidándose de todo.

—¡Mira, mami! ¡Un balcón! —gritó, pegando la nariz al vidrio.

Aurora la siguió, sonriendo, aunque el nudo en su estómago no desaparecía, le tomó la mano con suavidad.

—Y ese parque de ahí es donde jugarás —dijo—. Ven, lo mejor está por aquí.

La condujo por el pasillo y abrió una puerta.

La habitación era luminosa, con paredes color lila, una cama con dosel blanco, un escritorio frente a la ventana que daba a un jardín comunitario y estantes vacíos esperando historias nuevas.

—Esta es tu habitación, cielo. Tu nueva… habitación temporal.

Angela tocó la colcha despacio.

—¿Temporal?

—Sí, mi amor. Tengo que trabajar un poco aquí, en Londres, por eso nos quedaremos unos meses. Irás a una escuela bonita, he preguntado por dos. Harás amigos nuevos.

Angela pensó unos segundos y para ella, aquello era perfecto. Más tiempo en Londres significaba más oportunidades. Así que asintió con entusiasmo; sus ojos brillando con inteligencia rápida.

—Está bien, mami. ¡Me gusta Londres!

Aurora soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo, aunque el miedo seguía ahí.

—Pero el tío Mike se quedará contigo —añadió—. Él te llevará al colegio, te ayudará con las tareas, te cuidará. Prométeme que lo vas a obedecer en todo.

—¡Claro que sí! —respondió Angela—. Al tío Mike lo quiero mucho.

Por dentro, su mente ya trazaba planes. «Si el tío Mike me cuida… tendré más libertad. Podré escribirle a William. Podré encontrarlo… y él me llevará con el hombre Seal. ¡ES GENIAL!»

—Me encanta mi cuarto, mami. De verdad.

Aurora la abrazó con fuerza, sin ver los planes detrás de esa sonrisa dulce.

Más tarde, mientras Angela organizaba sus juguetes en el estante, Aurora encontró a Mike en la cocina preparando té.

—Gracias por esto —dijo ella—. Por estar aquí. No tengo a nadie más en quien confiar así.

Mike dejó la tetera y la miró serio.

—Haré cualquier cosa por ti y por esa pequeña maravilla. Pero no me gusta esto, Aurora. Nada.

—¿El qué? —preguntó, aunque lo sabía.

—Todo. Volver al nido de víboras. La familia Russo, y perdón pero… esa abuela tuya es una manipuladora… y él. Angelo. —El nombre sonó como una advertencia—. Te conozco. Aunque digas que lo superaste, no es verdad. Te metiste en esta locura por una promesa absurda y tengo miedo de que te lastimen otra vez. Y que lastimen a Angela sin siquiera darse cuenta.

Aurora bajó la mirada.

—No tengo elección. Es la última voluntad de la abuela, además necesito cerrar este capítulo… y necesitamos el dinero. Tú mismo me lo dijiste.

Mike asintió, apretando la taza.

—Sí. Pero eso fue antes de saber el precio.

Se acercó y tomó sus manos.

—Solo ten cuidado. Yo protegeré a Angela con mi vida. Pero tú… protégete a ti misma. No dejes que ese hombre guapo y atormentado te nuble el juicio. Recuerda lo que te hizo.

Aurora asintió, aunque con el corazón apretado.

Pero lo que Grayson no entendía y lo que nadie parecía entender, era que para Angelo, su matrimonio nunca había sido una elección. Desde el principio, sintió que la abuela había trazado su destino sin cuestionar, donde él apenas tenía voz en su propia vida.

Y no era que no sintiera nada por Aurora.

Ese era el problema. Siempre había algo allí, una chispa, una conexión que él se negaba a explorar precisamente porque sentía que no venía de él, sino de expectativas ajenas.

«No soy un cobarde» pensó Angelo, aunque la duda se filtraba en sus pensamientos. «Simplemente me negué a ser un títere»

Pero mientras sostenía la mirada de su amigo, una verdad incómoda comenzaba a cristalizarse en su interior. Quizás su resistencia no era solo contra la manipulación de la abuela. Quizás también era miedo. Miedo a admitir que, a pesar de las circunstancias, a pesar de la falta de elección, a pesar de todo... sí, había desarrollado sentimientos por Aurora.

Aun así, no dijo nada.

Y para romper la tensión, Grayson cambió abruptamente el tema, adoptando el tono profesional de siempre.

—Por cierto, el capitán llamó, quiere que volvamos. Hay un nuevo objetivo, un pez gordo que lava dinero para media Europa del Este, la operación es tentadora.

Angelo negó con la cabeza, frotándose los ojos.

—No puedo volver ahora. La abuela… está muy enferma. Y Alan…

—Sigue sin despertar —completó Grayson, su voz ahora grave—. Y sigues sin encontrar al que lo mandó al coma.

El rostro de Angelo se transformó.

La pena y la duda se borraron, reemplazadas por un frío odio.

Había sido un Range Rover negro, quien lo embistió por el costado en la carretera a Cambridge, lo hizo volcar como un juguete y se dio a la fuga. Y aunque había investigado a fondo, solo consiguió cámaras borrosas. Alguien lo hizo parecer un accidente, pero su experiencia le decía que no.

—No —respondió dándole otro trago a su bebida—. Aún sigue malditamente igual, tan igual como siguen mis ganas de encontrar al responsable y cuando eso pase… Sabrán lo que un Seal como yo, soy capaz de hacer.

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