Entrar Via

¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 24

C24- ¿DE QUÉ MÁS NO SERÁ CAPAZ?

En su habitación, Aurora observaba su reflejo.

El vestido era una columna de seda color esmeralda, dejando al descubierto sus hombros y espalda.

—Un toque final —dijo Mike, apareciendo detrás de ella, quien con dedos expertos, tomó un mechón rebelde de su recogido bajo y lo ondeó con suavidad, dándole un aire deliberadamente desenfadado—. Perfecto. Lista para devorar, princesa.

Aurora soltaba una carcajada, cuando la puerta se abrió y apareció Angela, con su pijama de unicornios, se quedó boquiabierta.

—¡Mami! Pareces una princesa de verdad.

Aurora se volvió, con su corazón se encogió de amor.

—Gracias, bebé. Es solo… una fiesta de trabajo.

—¿Puedo ir? —preguntó Angela.

—Oh, cielo, no —dijo Aurora, agachándose. Notó el rápido destello de decepción en los ojos de su hija y se puso nerviosa, hablando rápido—. Es muy tarde, y habrá mucha gente seria. Pero te prometo que te traeré algo delicioso del buffet. ¿Helado con fresas?

Angela asintió, forzando una pequeña sonrisa.

—Está bien. Diviértete, mami.

Aurora la besó con fuerza, sintiendo el peso de sus secretos.

—Te quiero. Obedece al tío Mike, ¿sí?

Minutos después, al oír cerrarse la puerta principal, Angela corrió a su tocador y sacó su iPad y con dedos ágiles, abrió una aplicación de mensajes de Roblox.

Angela: ¡William! Estoy en Londres. Ya llegué.

La respuesta llegó casi al instante. William, en su habitación llena de pósters de superhéroes y aviones, saltó en la cama.

William: ¡¡GENIAL!! Ahora sí podrás conocer a mi tío. Es el mejor. Y… ¡seguro que conoce a tu papá!

Angela sonrió, con la determinación de un inocente de ocho años, lo que había esperado por tanto tiempo, por fin, comenzaba.

Unos segundos después, apareció un nuevo mensaje.

William: Oye… este sábado habrá una actividad para niños en el Museo de Ciencia de la ciudad. Mi mamá quiere llevarme, podemos vernos ahí. Y… puedo pedirle a mi tío que venga con nosotros.

Angela: ¿Crees que tu tío quiera ir?

William tardó un poco más en responder, como si estuviera pensando una estrategia.

William: Claro que sí, si le digo que me da miedo ir con tanta gente, seguro viene. Además, siempre viene cuando se lo pido.

Angela sintió un cosquilleo en el pecho, era la primera vez que su plan parecía realmente posible.

Angela: Entonces yo puedo decirle a Mike que quiero ir. Él siempre me lleva a cosas de niños, no le gusta que esté triste.

William: ¡Perfecto! Entonces nos vemos ahí. Te voy a mandar la hora. Y… no te preocupes. Mi tío es bueno. Mucho.

Angela sonrió y apretó la tablet contra su pecho. Conocer a su papá, estaba cada vez más cerca.

***

La mansión estaba iluminada como si fuera de día.

Aurora llegó con paso firme, aunque por dentro se sentía fuera de lugar. Y apenas cruzó la entrada, varias miradas se clavaron en ella. Algunas curiosas. Otras abiertas. Pero lo que sí era cierto, es que ningún hombre apartó los ojos.

Ella lo notó, pero respiró hondo y avanzó.

La fiesta ya había empezado. Había música suave, copas levantadas, risas medidas y Aurora se sintió observada, juzgada, comparada, pero se dijo que solo debía encontrar a la abuela y cumplir.

—Aurora… ¿eres tú?

Bianca inclinó la cabeza, bajando la voz.

—No eres ciega, ¿verdad? Se le nota, a ella le gusta. Y apostaría a que desde hace mucho.

Aurora sintió un pinchazo incómodo, pero se obligó a no reaccionar.

—No importa —dijo—. No es mi problema.

Un mesero pasó y Bianca tomó dos copas y le entregó una.

—¿Sabes? —añadió—. Yo tampoco me creí eso de que la empujaste.

Aurora se quedó helada.

—¿Qué?

—Yo estaba ese día. Aquí. Había tenido una discusión horrible con Mateo y salí a tomar aire. —Respiró hondo—. Vi cuando Jimena se lanzó sola.

El corazón de Aurora dio un salto.

—¿Estás segura?

—Completamente. No lo dije porque me fui poco después. No le di importancia en ese momento. —La miró, sincera—. Lo lamento, de verdad.

Aurora soltó el aire que llevaba años conteniendo, como si una presión se aflojara en su pecho.

—No importa —dijo al fin—. Mi matrimonio ya era un fracaso después de todo, Jimena no fue la causa.

Bianca negó despacio, ahora seria.

—Aun así, cuídate. Si fue capaz de hacer eso… ¿de qué más no será capaz?

Aurora apretó la copa entre los dedos y miró de nuevo hacia Angelo y Jimena. Algo se acomodó en su mente y tuvo que aceptar que Jimena Saenz, era peligrosa.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO!