C25- FUNERAL CON PIERNAS.
El sonido seco de una copa golpeada hizo que el murmullo de la sala se apagara poco a poco. Todas las miradas se dirigieron hacia la escalera donde la abuela estaba de pie, erguida e impecable.
—Aurora, querida —llamó.
Aurora levantó la vista y caminó hasta ella con paso firme, aunque por dentro sentía el pulso acelerado, cuando se detuvo a su lado, la abuela apoyó una mano ligera en su brazo.
—Quiero presentarles oficialmente a mi nieta política: Aurora Sterling —dijo—. Una mujer brillante, talentosa, y parte fundamental de esta familia.
Un aplauso educado recorrió la mesa.
Y mientras eso sucedía, Angelo la observaba desde su lugar y su pecho se tensó al notar cómo otros hombres no le quitaban los ojos de encima. Su orgullo mezclado con frustración, tomó el control.
«Malditos infelices» pensó. Jimena, a su lado, notó su mirada hacia Aurora, la incomodidad y los celos evidentes, sus propios celos le hicieron apretar la mandíbula.
La cena avanzó y la abuela, con una calma estudiada, presentó a tres hombres sentados estratégicamente cerca de Aurora.
Sus futuros pretendientes, todos guapos, adinerados y lo más importante, solteros.
Uno de ellos era Logan.
Y en cuanto la abuela lo nombró, Angelo se irguió de inmediato.
—¿Logan? —murmuró.
—Sí —respondió la abuela, como si nada—. Un hombre inteligente, exitoso y con criterio propio.
Angelo sonrió tenso.
—Interesante elección —comentó—. Pero… me pregunto si Aurora tendrá la paciencia necesaria para lidiar con alguien que pasa más tiempo admirando su reflejo en las portadas de revistas que desarrollando una personalidad real.
Algunos rieron incómodos.
—No seas exagerado —dijo la abuela—. Además, Aurora puede escuchar y decidir por sí misma.
Entonces Angelo lanzó una mirada crítica al segundo candidato.
—Demasiado joven —dijo—. Se aburriría en seis meses.
Luego al tercero.
—Demasiado serio, parece un funeral con piernas.
—¡Angelo! —exclamó la abuela.
—¿Qué? Solo hago lo que me pediste.
Aurora, que hasta entonces había permanecido en silencio, entrecerró los ojos hasta convertirlos en dos rendijas y sus dedos se tensaron alrededor del tenedor.
«Quince años de etiqueta para no clavarle este tenedor en la mano. Qué desperdicio de educación.» pensó, sabiendo que él estaba saboteando todo.
Pero ¿iba a quedarse callada? Por supuesto que no.
—¿Sabes qué, Angelo? —intervino Aurora con voz engañosamente dulce—. Logan al menos sabe sonreír sin parecer que está calculando el interés compuesto de su amargura. Y Tony —señaló al "demasiado joven"— tiene la energía que algunos perdieron junto con su capacidad de divertirse. En cuanto a Richard —miró al "funeral con piernas"—, su seriedad demuestra que al menos uno en esta mesa tiene la madurez emocional de un adulto.
Angelo la miró alzando una ceja mientras cortaba un trozo de carne con precisión.
—Qué conmovedor tu discurso de defensa. ¿Te lo preparó tu agente de relaciones públicas o improvisaste sobre la marcha?
Las cabezas de los comensales giraron hacia Aurora, como en un partido de tenis.
—Al menos yo tengo relaciones públicas. Las tuyas son tan privadas que ni siquiera existen —contraatacó ella con una sonrisa brillante.
Todos giraron las cabezas hacia Angelo.
—Prefiero calidad sobre cantidad. Un concepto que claramente no aplicaste a tu lista de pretendientes —respondió él, llevándose el bocado a la boca con elegancia desafiante.
Las cabezas volvieron hacia Aurora.
—¡Oh! ¿Ahora eres experto en relaciones? Qué fascinante viniendo de alguien cuya idea de una cita romántica es analizar rutas de extracción mientras limpia su arma de servicio.
—Mejor que fingir interés en conversaciones sobre... ¿qué era? ¿La última tendencia en zapatos que combinan con el color de tu aura?
—¡Eso fue UNA VEZ! Y era una investigación sobre psicología del color, pero claro, tendrías que leer algo que no sean números para saberlo.
La tensión era tan densa que casi podía cortarse con cuchillo, hasta que la abuela explotó.
—¡Suficiente, ambos!
Angelo y Aurora cerraron la boca al unísono, aunque sus miradas seguían lanzándose dagas invisibles.
—Angelo, sé muy bien lo que te pedí —continuó la abuela con severidad—, pero en ningún momento fue que los ofendieras. Por lo que… controla tu franqueza.
—Perfecto.
Luego giró hacia Aurora y sonrió.
—¿Quieres bailar?
Aurora dudó apenas un segundo, pero asintió. Lo que más deseaba era escapar de esa mesa.
La música los envolvió y Logan la tomó con cuidado, sin invadirla. La hizo reír con un comentario simple, sin esfuerzo y en poco tiempo, Aurora se relajó, sorprendida de sí misma.
Mientras que Angelo bebía whisky sin dejar de mirarlos, su mano se cerraba cuando la palma de Logan se posaba en la espalda baja de Aurora.
—Qué buena pareja hacen —comentó la abuela, acercándose—. Logan es un buen partido, ¿no crees?
Angelo giró la cabeza, frío.
—¿Estás haciendo esto para joderme?
Ella sonrió.
—Sí. Quiero que veas lo que perdiste por ciego. Te la di en bandeja de plata. ¿Y qué hiciste? Quejarte. —Señaló a Logan con la mirada—. Él no pierde tiempo, sabe lo que esa chica vale.
Angelo bebió de golpe y dejó el vaso con fuerza en la mesa.
—¿Por qué la quieres tanto? —preguntó, con rabia contenida—. ¿Por qué siempre la protegiste? Ni siquiera cuando mis padres murieron… no cuando tu hijo murió, te pusiste así.
La abuela guardó silencio y su rostro se endureció.
—Porque Aurora es más importante de lo que crees.
Angelo la miró sin entender. Pero en la pista, Logan bajó la voz y su perfume masculino envolvió a Aurora.
—No quiero apresurar nada —dijo—. Aunque... sí me gustaría cortejarte. Conocerte, pero necesito saber algo... —se apartó para mirarla—. ¿De verdad ya no sientes nada por Angelo?
Aurora no respondió de inmediato y la pregunta le pesó. Logan viendo su resistencia, sonrió y la giró con el ritmo de la música.
—Hagamos algo… Salgamos sin promesas. Y si crees que puedes ser feliz conmigo… entonces dame una oportunidad.
La música terminó y Logan besó su mano y se apartó.
Aurora se quedó quieta, respirando hondo.

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