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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 26

C26- TÚ, TE QUEDARÁS CONMIGO.

Aurora sintió que el aire de la habitación había cambiado al separarse de Logan. Por inercia, levantó la vista y buscó inconscientemente a Angelo entre la multitud.

Y lo encontró.

Él estaba de pie, tomando otro trago de whisky y la miraba directamente a ella. Su mirada era oscura, cargada de una posesividad feroz y una advertencia inconfundible. Y sin importarle la etiqueta o los invitados, Angelo comenzó a cruzar el salón directamente hacia ella.

¿Qué iba a hacer? ¿Qué iba a decir?

No lo sabía.

Pero la imagen de Aurora sonriendo a Logan había despertado algo primitivo en él, algo que ni siquiera sabía que existía.

¿Cómo se atrevía ella a mirar así a otro hombre? ¿Cómo podía sonreírle de esa manera cuando él estaba allí, observándola?

Pero en cuanto Aurora lo vio acercarse, su corazón comenzó a latir desbocado. Un escalofrío recorrió su espalda y, como un reflejo condicionado, se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la biblioteca. Sus tacones resonaban contra el mármol mientras aceleraba el paso. No era miedo lo que sentía, sino una anticipación electrizante que la aterraba, porque cada vez que Angelo la miraba así, su cuerpo reaccionaba traicionándola.

Así que necesitaba escapar, llegar a la biblioteca y encerrarse antes de que él la alcanzara. Al final llegó a la puerta y estaba a punto de cerrarla cuando un zapato italiano de cuero negro se interpuso.

—Ni se te ocurra cerrar —gruñó Angelo.

—Lárgate y ve a disfrutar de la fiesta —respondió ella con frialdad, aunque su pulso se aceleraba.

—¿Como tú lo hacías? —espetó él con acidez—. ¿Exhibiéndote ante esos pretendientes de pacotilla? ¿Defendiéndolos en la mesa como si fueran dignos de tu atención?

Aurora empujó la puerta con más fuerza, pero era inútil.

—Déjame entrar, Aurora —advirtió él, su voz bajando una octava—. No me hagas usar la fuerza.

Ella no cedió, y Angelo empujó con determinación. Aurora trastabilló hacia atrás, perdiendo momentáneamente el equilibrio, entonces él entró como un depredador, cerrando la puerta tras de sí y pasando el seguro.

—¿Qué crees que estás haciendo? —Aurora retrocedió y lo miró con ojos desafiantes—. Estamos divorciándonos, ¿recuerdas? No tienes ningún derecho a comportarte así.

Angelo sonrió, y caminó hacia ella con pasos medidos.

—No, verás... hay un pequeño giro de planes.

Ella frunció el ceño, su pecho contrayéndose con una respiración entrecortada.

—¿Giro de planes?

—Estamos en periodo de reconciliación —continuó él—. Así que... técnicamente estás coqueteando con otros cuando aún... eres mi esposa.

Aurora retrocedió hasta chocar con el escritorio, quedando atrapada y la sorpresa se dibujó en su rostro por un segundo.

—¿Reconciliación?

—Sí, hablé con Vittorio. Es algo legal, ¿no? Podemos reconciliarnos y...

—Lo que escuchaste —dijo Angelo con voz grave y baja—. Si deseas un marido, entonces vuelve conmigo... Seamos un matrimonio real esta vez.

Aurora se movía entre el shock y los nervios cuando la imagen de Angela, la hija que él no conocía y que nunca conocería, apareció en su mente. Y ese pensamiento la devolvió bruscamente a la realidad.

Bufó y lo empujó con renovada determinación.

—Sr. Russo... ¿quiere una cita? Entonces haga fila —respondió con una frialdad glacial, irguiéndose en toda su estatura—. Y asegúrese de traer algo mejor que promesas vacías y arrepentimientos tardíos.

Angelo apretó los puños, con la frustración evidente en cada línea de su rostro. Aurora aprovechó su momentánea vacilación para apartarse, poniendo distancia entre ellos.

—De todos tus competidores, eres quien menos ventaja tiene —declaró con crueldad deliberada—. Y si por alguna razón, tuviera que elegir entre tú y el funeral con patas, ganaría el funeral. Al menos él es honesto sobre sus intenciones.

La impotencia se reflejó en los ojos de Angelo mientras ella caminaba hacia la puerta, su mano ya estaba en el pomo cuando la voz de él la detuvo.

—Tendremos que trabajar juntos, Aurora. Y te dejo claro que no estoy fuera de la jugada. Voy a quitar a todos mis oponentes del camino, uno por uno. Y al final, solo yo saldré vencedor.

Ella apretó la mano en el pomo, su corazón emocionándose en contra de su voluntad, sin embargo, no dijo nada más y salió, cerrando la puerta tras ella.

Angelo se quedó solo, tragó con dificultad, sintiendo su cuerpo tenso, vibrando con la energía de ella. Su aroma floral persistía en el aire, recordándole su piel suave, esa misma piel que una vez tuvo entre sus brazos.

Y así la determinación creció dentro de él como una llama inextinguible.

—No mentía —murmuró—. Los voy a superar a todos… y tú, te quedarás conmigo.

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