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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 27

C27-CÓMO EL ÚNICO HOMBRE QUE LA AMA

Mateo y Thomas llegaron a la mansión pasadas las cinco. Thomas entró corriendo por la puerta principal, con la mochila colgando de un hombro y los anteojos torcidos.

—¡Mami! ¡Mami!

Bianca salió de la cocina y Thomas se lanzó a sus piernas.

—Papá me llevó en hombros todo el rato para ver los dinosaurios altos. Me explicó cómo el T-Rex tenía brazos chiquitos pero era el rey. Y me abrazó fuerte cuando le pregunté por qué no jugaba conmigo antes. ¡Dijo que me quiere mucho!

Bianca se agachó, lo abrazó y miró por encima de la cabeza del niño. Mateo entró detrás, se quitó la chaqueta despacio. Sus ojos se encontraron con los de ella.

Bianca tragó.

—Gracias por ir con él.

—No me lo agradezcas. Debería haberlo hecho antes. Me disculpo por eso.

La tensión creció en el silencio y ninguno se movió. Entonces Thomas los abrazó a los dos por la cintura.

—¡Ahora somos familia de excursión!

Bianca sintió el nudo en la garganta. No sabía cómo sentirse. ¿Feliz por Thomas? ¿Confundida por Mateo? ¿O enfadada consigo misma por el calor que le subía al pecho al verlo así, como papá presente?

Así que se apartó suave.

—Ve a lavarte las manos, amor. La cena está casi lista.

Thomas salió corriendo.

Bianca y Mateo se quedaron solos en el pasillo. Ella no dijo nada más y él tampoco. Solo la miró un segundo más antes de subir a cambiarse.

Esa misma noche, Bianca estaba en su habitación revisando correos cuando el móvil vibró.

Era un mensaje de Braulio.

“Pensé en usted todo el camino de vuelta. Mañana a las ocho, ¿dónde nos vemos? Llevaré el vino que más le guste.”

Bianca se quedó mirando la pantalla. Pensó en la cena, en cómo Braulio la había mirado, como si ella fuera lo único en la habitación. Pensó en Mateo. Pensó en Sombra.

Y el corazón le latía fuerte, demasiado fuerte. Sin embargo, tecleó una respuesta.

Mientras tanto, en el despacho de Mateo, revisaba papeles sin leerlos realmente. La puerta se abrió y Harold entró con la carpeta habitual.

—El informe diario, señor.

—¿Algo interesante?

Harold dejó la carpeta sobre la mesa.

—La señora ha tenido una reunión con un cliente. Un tal Braulio Fuentes. Empresario español, muy atractivo, según Clara, la asistente.

Mateo levantó la cabeza de golpe.

—¿Muy atractivo?

—“Romperle la cara” pero con educación.

—Exacto.

Mateo se acercó a la ventana y miró la oscuridad del jardín. Los celos le quemaban el pecho. No podía soportar la idea de otro hombre sentado frente a Bianca, haciéndola reír, tocándole la mano, viéndola como él la veía. Por Dios, ni siquiera soportaba a Sombra, como para que ahora se sumara un maldito empresario.

Harold lo observó en silencio.

—Por fin, señor. Por fin muestra algo de carácter. Lástima que sea con un desconocido y no con su mujer.

Mateo giró la cabeza.

—Cancela mi agenda mañana. Necesito verla, necesito… necesito sentirla mía.

Harold no se movió.

—¿Como Sombra o como Mateo?

Él apretó los puños.

—Como el único hombre que la ama. Da igual el nombre.

Harold asintió una sola vez y salió.

Mateo se quedó solo y el corazón le latía con rabia, con miedo y con ganas de romper algo, específicamente un rostro español.

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