C30- OPORTUNIDADES PERDIDAS.
Angelo presionó el acelerador a fondo, sintiendo cómo el motor de su deportivo rugía en respuesta. Las calles de la ciudad se convertían en borrones de luces mientras conducía a toda velocidad, ignorando semáforos y señales de tránsito.
Su mente estaba tan turbulenta como su conducción, errática, peligrosa y fuera de control.
Después de casi una hora, redujo la velocidad al acercarse a un elegante edificio en el distrito financiero. No había estado allí desde que Aurora regresó a su vida, él estacionó bruscamente, respiró hondo y salió del vehículo.
Sus pasos resonaron en el vestíbulo silencioso y el ascensor lo llevó al penthouse, y cuando abrió la puerta, el aroma a encierro lo recibió. Encendió las luces y el departamento se reveló ante él: espacioso, elegante, pero lo que llamaba la atención no eran los muebles de diseñador ni la vista panorámica de la ciudad, sino las fotografías.
Decenas de ellas.
Todas de la misma persona: una mujer joven de cabello castaño y sonrisa soñadora.
Aurora.
Angelo dejó las llaves en la mesa junto al sofá y recorrió lentamente la sala, observando cada imagen. Este era su secreto, su santuario personal, el departamento de soltero que había mantenido incluso después de casarse.
Un lugar al que Aurora nunca había entrado, pero donde su presencia era abrumadora.
¿Obsesión?
Quizás era la palabra correcta para describir lo que sentía.
¿O tal vez amor?
Así que hizo lo único que sabía hacer cuando el dolor era insoportable: se distanció. Se volvió frío, indiferente y dejó que el matrimonio se convirtiera en una formalidad vacía.
Y ahora, ocho años después, cuando finalmente ella había decidido liberarse de esa farsa, él despertaba de su letargo para descubrir que la amaba.
Que siempre la había amado.
Angelo colocó la fotografía en su lugar y se dejó caer en el sofá, cerrando los ojos.
—Fui un cobarde —susurró a la habitación vacía—. Tantas veces quise ir por ti, Aurora. Tantas veces estuve a punto de confesarte todo... pero no lo hice.
El silencio del departamento parecía burlarse de él, de sus años desperdiciados y de las oportunidades perdidas.

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