C34-NO HABLES CON EXTRAÑOS.
Angela corrió sin pensar y el ruido del lugar se volvió lejano, como si todo se apagara menos el latido desordenado de su corazón.
—¡WILLIAM! ¡SOY YO, ANGELA! —gritó de nuevo.
William se giró de golpe y, con él, también lo hicieron las personas que lo acompañaban. Los dulces ojos del niño se iluminaron al reconocerla.
—¡Angela! —sonrió.
Ella llegó hasta él y lo abrazó con fuerza. William la rodeó torpemente. Era un abrazo de niños, sincero, apretado y necesario.
—Pensé que no ibas a venir —dijo él, rápido.
—Yo también pensé eso —respondió ella, sin soltarlo.
Cuando se separaron, Angela levantó la vista y sus ojos se posaron en el hombre que estaba junto a William. Era alto. Firme. Entonces su corazón volvió a acelerarse.
—Él es... —empezó a decir.
Pero el hombre ya hablaba, sin mirarla siquiera.
—Espero verte en el entrenamiento, William —dijo—. Tienes que mejorar tu tiro con arco.
Luego miró a la mujer que lo acompañaba, asintió una sola vez y se alejó sin más.
La sonrisa de Angela se borró lentamente y William bajó la mirada.
—Lo siento, Angela —dijo en voz baja—. Mi tío no pudo venir.
Ella se quedó quieta. No dijo nada. Pero el pecho le dolió como si algo se rompiera por dentro y muy despacio.
Fue cuando Jimena observó la escena con atención y sus ojos se clavaron en Angela.
—¿Y ella quién es? —preguntó, con suspicacia.
William se irguió orgulloso.
—Mami... ella es mi amiga de Estados Unidos —dijo—. Busca a su papá y pensó que... que mi tío podría conocerlo.
La mujer arqueó una ceja, estudiando a Angela de arriba abajo. Algo en ella le resultó vagamente familiar, pero no se detuvo en eso.
—¿Qué papá? —preguntó, seca.
Angela respiró hondo, juntando las manos delante de ella.
—Está perdido —dijo con una dulzura que dolía—. Y pensé que tal vez...
La mujer bufó, sin humor.
—Niña, si tu papá está perdido, no es nuestro problema.
Las palabras cayeron pesadas, haciendo que Angela se quedara sin aire. Sin poder evitarlo, los ojos se le llenaron de lágrimas.
—Mami —dijo William, incómodo—. Angela es mi amiga.
Pero la mujer fue tajante.
—¿Qué amiga ni qué amiga, William? Ya te he dicho que no se habla con extraños. Menos con... turistas.

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