Entrar Via

¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 8

C8-¿PARA QUÉ PREGUNTAS?

Aurora levantó el mentón, enfrentando a Angelo con una elegancia que parecía emanar de cada poro de su piel.

—¿Y qué esperabas, Angelo? ¿Que volviera siendo la misma niña ingenua que dejaste atrás? La vida sigue, y yo seguí con ella.

Angelo acortó la distancia todavía más, invadiendo su espacio personal con una determinación que hizo que el aire entre ambos se cargara de electricidad. Sus rostros quedaron a centímetros y por un instante, el tiempo pareció detenerse.

Aurora sintió cómo su corazón traicionero se aceleraba ante la cercanía y el calor que emanaba del cuerpo de Angelo, su aroma tan familiar, despertaron sensaciones que creía enterradas. Por un segundo, su máscara de indiferencia tembló, pero rápidamente recuperó el control, colocando una mano en su pecho para apartarlo.

—No vuelvas a acercarte así —dijo cortante—. Lo que hubo entre nosotros no solo murió y algunos puentes, una vez quemados, ya no pueden reconstruirse...

Angelo, aún aturdido por la cercanía balbuceó.

—Aurora... yo...

—¿Cuñado? ¿Quién es ella?

La voz femenina cortó el momento y Angelo se apartó de Aurora como si hubiera sido descubierto en un acto ilícito y ella reconociendo aquella voz sintió una puñalada en el pecho.

Se giró lentamente, enfrentando a la recién llegada y los ojos de Jimena se abrieron desmesuradamente al reconocerla.

—¿Aurora? ¿Tú... tú… qué haces aquí?

Aurora descendió los últimos escalones y se detuvo frente a Jimena.

—Qué bueno verte, Jimena —dijo con una sonrisa que no alcanzó sus ojos—. Supongo que las escaleras ya no son tan peligrosas para ti, ¿verdad? O quizás ahora tienes más cuidado al inventar historias sobre caídas que nunca ocurrieron.

Jimena palideció momentáneamente, pero rápidamente compuso una expresión de dulce arrepentimiento que hizo que Aurora sintiera náuseas.

—Oh, no sabes cuánto lamento todo lo que pasó, estaba asustada y… dije cosas… Pero… No te guardo rencor, de verdad, lo que pasó en ese entonces está olvidado y… me alegra tanto que hayas vuelto.

Aurora la observó y cada palabra falsa de Jimena era como un insulto a su inteligencia, sentía el impulso de arrancarle aquella máscara de inocencia de un zarpazo, pero se dijo que no perdería su tiempo.

Había vuelto por una razón y nada la desviaría de su objetivo.

Además, pronto sería hora de llamar a Angela, y quería hacerlo lejos de aquel lugar que solo le traía recuerdos amargos.

—Qué conmovedora reconciliación propones —respondió Aurora con una sonrisa glacial—. Pero me temo que mi tiempo es demasiado valioso, ahora si me disculpas.

Se giró para marcharse, pero Jimena la detuvo con otra pregunta.

—¿No te quedas?

Aurora se detuvo y cerró los ojos, dándole la espalda y cuando habló, su voz era suave pero letal.

—¿Quedarme? No, verás, el aire aquí se ha vuelto... irrespirable.

Estaba a punto de salir cuando la puerta principal se abrió y un niño de unos ocho años, entró corriendo. El pequeño miró un segundo a Aurora, como hipnotizado por su presencia, antes de correr hacia Jimena.

Las palabras de Aurora sobre el divorcio cayeron como una bomba en la sala, provocando un silencio que solo fue interrumpido por el suave jadeo de sorpresa de Jimena, pero sus ojos brillaban con un destello de triunfo que no podía ocultar completamente.

—¿Vas a divorciarte de ella? —preguntó con una curiosidad que pretendía ser inocente.

Pero Angelo seguía mirando la puerta por donde Aurora había desaparecido, como si esperara que volviera a entrar en cualquier momento y sus ojos reflejaban una tormenta interior.

Finalmente, pareció recordar que no estaba solo y bajó la mirada hacia William.

—Campeón, ¿por qué no vas a ducharte? Tenemos práctica en una hora y quiero que estés listo. Hoy trabajaremos en esos tiros libres que te prometí.

El niño asintió entusiasmado.

—¡Sí, tío! ¡Voy a ser el mejor del equipo! —exclamó antes de subir corriendo las escaleras.

Una vez solos, Jimena se acercó a Angelo, colocando una mano en su brazo con familiaridad.

—Angelo, no vas a responderme, ¿tú y Aurora se divorcian? —insistió.

Angelo bajó la mirada hacia la mano de Jimena y luego la miró directamente a los ojos, su expresión se endureció, transformándose en una máscara de frialdad que rara vez mostraba.

—Lo que pase entre Aurora y yo, es algo que no te concierne en absoluto. No es tu problema, ¿para qué preguntas?

Se apartó de ella con un movimiento brusco y subió las escaleras de dos en dos, dejando a Jimena plantada en medio del vestíbulo, con la falsa sonrisa congelada en su rostro y la amargura comenzando a filtrarse a través de su cuidadosa fachada.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO!