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Mi Marido Prestado romance Capítulo 272

Su cabeza funcionaba a la perfección para lidiar con esas cosas.

Y si no, a fin de cuentas seguía dentro del Grupo Rodríguez; ahí no iba a estallar ningún desastre.

Al ver que él ni siquiera dudó un instante, César ya no insistió y pasó a informarle de otro asunto.

—Por cierto, el subdirector del área de investigación y desarrollo mencionó algo más. La familia en la casa antigua puso dinero para que Virginia armara un nuevo equipo de trabajo, y además se movieron contactos para que el gobierno se involucrara. Así, el proyecto de ellos se va a desarrollar junto con el nuestro —soltó César, mirándolo de reojo.

Iker arrugó el ceño.

—¿Y eso desde cuándo está pasando?

—Ya tiene varios días, yo creo.

César no se guardó nada:

—Ese departamento siempre lo ha manejado su tía, ella se encargó de ocultarle todo esto a la abuela, y el resto del personal no se atreve a hablar por encima de ella.

En familias de este tamaño, nadie entiende del todo lo que hay detrás de cada movimiento. Y más si toda la empresa sabe que Marcela Rodríguez es tía de Iker.

¿Quién no tendría miedo? Imagínate que, después de atreverse a reportar algo así, resulta que la familia se reconcilia y todo sigue igual, pero tú quedas como el traidor.

Por eso, aquel subdirector del área de investigación y desarrollo, seguramente en cuanto notó por los comentarios de César que Iker le daba importancia a Eleonor, se animó a soltarle ese chisme.

Los ojos de Iker se ensombrecieron. Lanzó una mirada cortante a César.

—Sabes lo que tienes que hacer, ¿no?

—...Sí, claro —respondió, tragando saliva.

Antes no estaba tan seguro, pero ahora ya no dudaba.

Al final, después de tantos años, la mayoría de los aliados de la casa antigua habían sido removidos de los altos mandos del grupo. Solo quedaba Marcela, que hasta ahora seguía ahí.

César comprendía el porqué: cuando la señora y el señor fallecieron, la abuela ni pensaba organizar un velorio. Fue Marcela quien insistió, y gracias a ella hubo una despedida digna.

Ese gesto, el jefe siempre lo tuvo presente. Por eso jamás tocó a Marcela.

Pero, siendo honestos, esa deuda ya se había pagado con creces, hasta con intereses. Lo que no se valía era que Marcela, junto con la abuela, se metiera en los asuntos de la señorita.

Capítulo 272 1

Capítulo 272 2

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