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Mi Marido Prestado romance Capítulo 274

—¿Cómo supiste que sí iban a caer en la trampa?

Apenas Eleonor salió de su concentración en el trabajo, Nil aprovechó para preguntarle sobre lo que había pasado ese mediodía.

—¿Y si no caían? ¿De veras pensabas largarte?

Mientras se estiraba el cuello y se sobaba los hombros adoloridos, Eleonor soltó una sonrisa.

—¿Quién dijo que era una trampa para ellos?

—¿Entonces el video sí era real?

Esta vez Nil sí que se sorprendió.

Eleonor asintió con la cabeza.

—Sí.

Desde el primer momento en que notó la inconformidad en el grupo, ya había pensado cómo protegerse por si las cosas se ponían feas.

Después de darle mil vueltas, solo se le ocurrió aprovechar las vacaciones largas de fin de año para pedirle a César que mandara instalar esa cámara. Era una línea independiente y, en seguridad, solo Marco estaba enterado.

Todos andaban ocupados con las fiestas, así que ni tuvo tiempo de platicarle a Nil sobre el tema.

Nil la veía con una mezcla de admiración y orgullo, sin ocultar nada en su mirada.

—Si el profe supiera que ahora eres así de precavida, seguro te llenaría de halagos otra vez.

Eleonor apenas sonrió, apretando los labios.

Sabía bien que su maestro la trataba como si fuera su propia hija.

Cuando recién empezó de aprendiz, no tenía ni idea de nada, pero por cada planta medicinal que lograba recordar, el viejito se servía una copa extra en la cena para celebrarlo.

Aunque, bueno, nunca supo si de verdad celebraba o solo era el pretexto para beber más. El punto es que, con ese motivo, nunca le faltó el trago.

Y ahora, que ya empezaba a tener logros, el maestro no perdía oportunidad de presumir a su aprendiz con todo el mundo, sonriente de oreja a oreja.

Eso sí, nadie sabía en realidad quién era esa misteriosa alumna.

Aunque igual todos le seguían el rollo y lo llenaban de elogios.

A veces, cuando la noche estaba silenciosa, Eleonor pensaba en esos catorce años siguiendo al maestro y a Natalia, y el enojo con Iker por haberla dejado, se sentía un poco menos pesado.

A fin de cuentas, fue Iker quien la llevó a conocer al maestro, quien la acompañó para ser aceptada como aprendiz, y que durante seis años la estuvo llevando y trayendo, sin importar el clima.

Nil justo iba en la misma dirección, así que podía llevar a Eleonor.

Durante el trayecto, Eleonor sentía que el sueño la iba venciendo. Cuando el carro entró al estacionamiento subterráneo, Nil frenó despacito y, con una sonrisa, lanzó la pregunta:

—¿Florencia Herrera ya casi regresa, no?

—Maneja con cuidado, ¿sí?

—Claro.

Nil asintió y solo arrancó cuando la vio entrar al edificio.

Eleonor, con todo el cansancio encima, solo pensaba en llegar a su cama. Caminó rápido hacia los elevadores, con la sonrisa todavía fresca en el rostro, pero se le congeló al instante.

Fabián estaba ahí.

A través de la puerta de vidrio, Fabián miró el carro de Nil alejarse. Entrecerró los ojos y preguntó con un tono más áspero:

—¿No que te ibas con tu hermano? ¿Por qué él te trajo?

Después de lo que pasó días atrás, Eleonor sentía un nudo en el estómago al verlo. Su cara no mostraba nada, y le contestó con otra pregunta:

—¿Tú qué haces aquí?

—Si no vas a mudarte de vuelta a Villa Orquídea, entonces yo me vengo para acá.

Fabián la miró directo, sin apartar la vista. Al notar el rechazo en los ojos de Eleonor, agregó:

—Me voy a vivir al piso de abajo.

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