Ese comentario sembró dudas en todos los presentes.
¿Cómo era posible que un medicamento que tantas farmacéuticas poderosas no habían logrado desarrollar, terminara siendo creado por una chica tan joven?
Aunque el costo era elevado, la efectividad del medicamento era innegable.
No importaba qué laboratorio lo hubiera conseguido, estaba claro que quien lo lanzara se aseguraría una posición dominante durante décadas.
Eleonor alzó la mirada, serena y sin perder la compostura, y preguntó:
—¿Insinúas que aquí hay algo turbio?
Ella sentía que su conciencia estaba tranquila respecto a ese proyecto.
Por eso, no tenía por qué temer a nada.
Virginia miró de reojo al hombre a su lado. El brillo de celos pasó por sus ojos, pero sonrió fingiendo tranquilidad.
—Eso deberías responderlo tú. Dinos, ¿qué clase de relación tienes con el señor Rodríguez?
—¿Perdón?
Entre los periodistas surgió un murmullo sorprendido.
Las miradas se posaron en Eleonor y en Iker, cargadas de curiosidad y cierta picardía.
Nadie esperaba que en una conferencia de prensa sobre un medicamento, terminaran presenciando un escándalo.
Después de todo, todo el mundo sabía que Iker siempre se había mantenido alejado de los rumores amorosos; ni los reporteros más entrometidos habían logrado encontrarle un solo escándalo.
Y ahora, los que cubrían una noticia seria se habían topado con la bomba del año.
Para colmo, la pareja no se veía nada mal junta.
Al escuchar la pregunta directa, Iker mantuvo su expresión distante, la mirada profunda y las cejas apenas alzadas, observando en silencio a la mujer a su lado.
Pero los reporteros no pudieron evitar notar un aire protector, como si él estuviera esperando que ella hablara mientras él la respaldaba.
Eleonor, por su parte, contestó con calma, la mirada tranquila:
—El señor Rodríguez y yo solo tenemos una relación profesional.
—¿Y desde cuándo la “relación profesional” incluye compartir la cama?



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