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Mi Marido Prestado romance Capítulo 412

—¿Acaso crees que ella es mucho mejor que yo? ¡Fabián, por favor, despierta! ¡Ella es mucho más calculadora que yo!

Si no fuera así, ¿cómo pudo haber caído tan feo en la trampa de Eleonor?

Es más, fue una caída monumental.

Esa tipa desde el principio ya le tenía preparada la emboscada, solo estaba esperando a que cayera solita.

Al recordarlo, Virginia apretaba los dientes con tanta rabia que parecía que se los iba a romper.

A pesar de que era una mujer calculadora y falsa, Fabián seguía viéndola como una persona inocente y buena.

Los hombres... de veras que a veces son imposibles de entender.

—¡Cállate!

Fabián soltó un grito y, sin miramientos, la aventó dentro del carro. Le apretó la quijada y le lanzó una advertencia con la voz tensa:

—Si sigues hablando, cuando entres al quirófano ni anestesia te van a poner.

...

Virginia se quedó muda, como si la hubieran tomado del cuello, con los ojos llenos de lágrimas que no dejaban de rodar.

Desde que la habían encerrado en aquel sótano, le tenía un miedo tremendo a Fabián.

Pero ese mismo miedo también le mostraba lo capaz que era Fabián, y solo le daban más ganas de quedarse con el lugar de señora Valdés.

Estaba convencida de que la familia Valdés, en manos de Fabián, solo podría ir para arriba.

Las lágrimas de Virginia le mojaron los dedos, pero él no mostró ni un poquito de compasión, más bien se le notaba el asco en la mirada.

La empujó lejos y, cuando ya iba a cerrar la puerta del carro, Renata Valdés apareció de repente en el patio:

—¿Dónde está Virginia? ¿A dónde la llevas?

Renata estaba muy consciente de la aversión que Fabián sentía por Virginia, así que de inmediato pensó que nada bueno iba a pasar.

Fabián, sin perder la calma, contestó con tranquilidad:

—¿No ves que está embarazada? Me la llevo a Jardines de Esmeralda, ahí es más fácil cuidarla.

—El doctor fue claro, la música y el ambiente son importantes para el bebé.

Con esas dos frases, Renata se quedó sin palabras, sin saber cómo rebatirlo. Desde el interior del carro, Virginia vio a Renata y empezó a forcejear con la manija, golpeando la ventana con desesperación.

—¡Mamá, mamá! ¡Fabián quiere obligarme a perder al bebé!

Su grito desgarrador se escuchaba nítido, cada palabra calaba directo en Renata.

Renata palideció y miró a Fabián sin poder creerlo.

—¿Tienes idea de que el bebé ya está formado? ¿Vas a sacarlo ahora? ¡Fabián, ese es tu hijo!

—Todavía no sabemos si es mío.

Fabián contestó con voz cortante y ya no quiso perder más el tiempo. Abrió la puerta del conductor y se subió.

Encendió el carro, soltó el freno y pisó el acelerador.

Todo en una sola secuencia, sin dudar.

No pensaba ceder: hoy mismo Virginia perdería al bebé.

Capítulo 412 1

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