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Mi Marido Prestado romance Capítulo 413

El lanzamiento exitoso del nuevo medicamento provocó que el consultorio de Eleonor se llenara a reventar.

Al día siguiente, cuando Eleonor llegó al centro médico, el estacionamiento ya estaba saturado. Dio varias vueltas alrededor buscando algún lugar, pero ni siquiera encontró espacio para estacionarse en un sitio prohibido.

Mientras seguía dando vueltas, el teléfono de Eleonor sonó. Era Nil Jiménez.

Eleonor contestó con voz apurada.

—¿Pasó algo en el centro médico hoy? No encuentro ni un solo lugar para estacionar el carro.

Sus pacientes ya estaban acostumbrados a que ella empezara a llamar a los turnos desde temprano.

Seguro que más de uno ya estaba perdiendo la paciencia.

La voz de Nil sonó resignada.

—Son todos tus pacientes. Desde muy temprano ya llenaron el consultorio. Pero las enfermeras ya están explicando, uno por uno, que ahora deben sacar cita en línea.

Eso también era responsabilidad suya, y lo sabía.

Debió haberlo previsto. Apenas salió el medicamento al mercado y con la fama de Eleonor creciendo, el número de pacientes iba a dispararse en cuestión de nada.

Por eso, ahora estaban todos de cabeza.

Hasta tuvieron que jalar a varias enfermeras de otros consultorios para que fueran a ayudar en el suyo.

Eleonor, después de varios años de experiencia, ya entendía la urgencia de quienes buscan alivio.

¿Quién no quiere curarse lo antes posible cuando se enferma?

Aun así, conocía bien los límites de su propio cuerpo. Estando embarazada, no podía darse el lujo de gastar más energía de la que tenía.

Mientras dudaba sobre qué hacer, escuchó la voz de Nil de nuevo.

—Mira, lleva el carro hasta la puerta del centro médico. Yo mando a alguien para que te ayude a encontrar lugar. Tú sube directo por el elevador de empleados y ve a la oficina, yo me encargo del resto.

Nil sabía que si le pedía a Eleonor que se esforzara un poco más y viera a más pacientes, seguramente ella aceptaría.

Pero últimamente la había visto más delgada, la cara se le veía más afilada y notaba que ya no tenía la misma energía de antes.

Para él, la salud de Eleonor era mucho más importante que cualquier otra cosa que pasara en el centro médico.

Eleonor por fin pudo respirar tranquila.

—Está bien —aceptó.

Si no estuviera embarazada, seguro apretaba los dientes y aguantaba varios días de consultas sin pausa, solo para que la situación se estabilizara.

Él ya había investigado todo sobre ella hasta el más mínimo detalle.

Pero salvo el nombre de Leonardo, Eleonor no sabía nada más de él.

Rufino frunció ligeramente el ceño.

—¿Quieres saber de él? No hay mucho rastro suyo en el país. Viene de una familia monoparental. Su madre falleció en un accidente hace más de veinte años, después fue adoptado y se fue al extranjero. Hace unos años regresó para hacerse cargo de Farmacéutica DK.

Hizo una pausa y añadió con tono serio:

—Aunque Farmacéutica DK haya logrado crecer tan rápido en Oricalco, no es tan sencillo como parece. Seguro que detrás hay fuerzas muy poderosas moviendo los hilos.

La información que tenía era poca, apenas un esbozo.

Eleonor siguió preguntando.

—¿Y cuándo se fue al extranjero?

—Hace unos veinte años, más o menos.

Desde el inicio, cuando Farmacéutica DK comenzó a entrar al mercado local con tanta fuerza, Rufino ya había pedido que le investigaran a ese “gran jefe” que era Leonardo.

...

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