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Mi Marido Prestado romance Capítulo 717

Sin embargo, Simona no pronunció esas últimas palabras en voz alta.

No tenía intención de ponerse más obstáculos en su propio camino hacia el divorcio.

La tentación de ser el heredero de la familia Fonseca era inmensa. Por más relajado que Owen fingiera ser, seguramente no soltaría el puesto tan fácil.

—Lo que quiero decir es que no tengo ninguna obligación de encubrir tu estupidez.

Dicho esto, cortó la llamada sin contemplaciones.

Así era.

Pura estupidez.

¿Por qué Owen asumiría que ella era del tipo de mujer que traga saliva y se aguanta en silencio?

Si él tuvo el atrevimiento de ir con su abuelo para quejarse del divorcio, lo mínimo que ella podía hacer era exponer los motivos reales. Eso era justicia.

Él no tenía el capital necesario para obligarla a agachar la cabeza.

Al entrar a su habitación, justo cuando iba a lanzar el celular al sofá, recordó que Cristhian parecía querer decirle algo antes de colgar. Revisó sus notificaciones de WhatsApp.

Entre el montón de mensajes sin leer, no había nada de él.

Seguramente no era nada importante.

La noche anterior apenas había pegado el ojo organizando el traspaso de las acciones.

Tanto del lado de su abuelo como del de Ireneo Estrada, necesitaba actuar rápido antes de que la situación se enfriara. Si alguien cambiaba de opinión de último momento, Zoe perdería una suma enorme.

Ahora, su principal prioridad era asegurar la mayor cantidad de bienes posibles para Zoe antes de que la chica se casara.

Lo segundo, por supuesto, era su divorcio.

Por el momento, ambos frentes avanzaban sin problemas. Simona entró al baño, tomó una ducha rápida y en cuanto su cabeza tocó la almohada, se quedó profundamente dormida.

Cuando volvió a abrir los ojos, las luces de la calle ya estaban encendidas.

Tendía a dormir poco y de forma muy ligera. Por más exhausta que estuviera, un par de horas solían ser suficientes para reponer energías.

Unos toques suaves en la puerta la sacaron de sus pensamientos.

La empleada abrió apenas una rendija y habló con respeto:

—Señorita, ¿ya despertó? La señora teme que le vuelva a dar dolor de estómago, me pidió que le trajera la cena.

Yolanda sabía perfectamente lo cansada que estaba, así que no la había despertado para cenar.

Solo le había dado instrucciones a la empleada de estar atenta y, en cuanto notara que había despertado, subirle la comida de inmediato.

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