Entrar Via

Mi Marido Prestado romance Capítulo 88

Tan extraña le resultaba la situación, que Fabián sentía cómo se le escapaba el control de las manos.

No apartaba la mirada de Eleonor ni un segundo, e incluso llegó a pensar que, si ella lo admitía, prefería ahorcarla en ese instante.

Pero para su sorpresa, Eleonor simplemente bajó la mirada y le devolvió la pregunta:

—¿Acaso tú no lo has hecho también?

Solo se estaban usando, nada más.

Ninguno era más puro o intachable que el otro.

Fabián, en un arrebato, apretó su mandíbula con fuerza, obligándola a mirarlo de frente.

—Te lo pregunto de nuevo. Piensa bien antes de responderme.

—¿Toda esta relación, todo este matrimonio, solo fue para que te aprovecharas de mí?

El dolor en la quijada amenazaba con dislocarla, los ojos de Eleonor enrojecieron por la presión, y sentía cómo la lucidez se le drenaba poco a poco. Aun así, respondió con firmeza:

—¡Sí! Dije que sí.

—Fabián, quien traicionó este matrimonio fuiste tú. ¿Con qué derecho me cuestionas así, como si tuvieras la razón de tu lado?

Por fin, se atrevió a soltar la pregunta que llevaba mucho tiempo guardando en el fondo de su pecho.

En su momento, Eleonor había pensado en entregarle su vida entera.

Llegó a imaginarse tratando de agradarle, esforzándose por ser la esposa obediente, la señora Valdés que él quería tener a su lado.

De verdad, lo había intentado.

La presión en su quijada aumentó todavía más. Fabián tuvo que sacar fuerzas de su educación para no perder el control ahí mismo.

—Te lo he explicado infinidad de veces. Hasta me faltó decirte con todas sus letras: no voy a cambiar de esposa, siempre serás la señora Valdés.

—Eleonor, ¿por qué te cuesta tanto entender eso?

La manera condescendiente en la que él lo decía casi hizo que Eleonor soltara una carcajada.

Al verla quedarse callada por un instante, Fabián pensó que ella se estaba arrepintiendo de lo que acababa de decir. Su tono se suavizó un poco y, al mismo tiempo, soltó su quijada. Nunca le había gustado actuar de forma tan agresiva.

—Lo que pasó hoy, puedo hacer como que no pasó.

—Justo ahora que Virginia quiere entrar al proyecto del Grupo Rodríguez, y tú eres la líder, debes tener la autoridad para aceptar a alguien más. Si quieres demostrarme tu sinceridad, ve al hospital y discúlpate con ella y su hijo.

Eleonor no esperaba que la situación diera ese giro.

Ya más tranquila, respondió de manera profesional:

—¿Hablas de casarte conmigo?

Resultaba curioso... ella no se arrepentía, pero él sí.

Mientras Fabián guardaba silencio, Eleonor esbozó una media sonrisa.

—Pues arrepiéntete todo lo que quieras.

Sin mirar atrás, dio media vuelta y salió del elevador.

...

Apenas cruzó las puertas automáticas, se topó de frente con Iker, que estaba parado a un par de pasos.

Era lógico pensar que, con lo cerca que estaba, habría escuchado parte de la discusión.

Eleonor, sintiendo cómo la vergüenza se mezclaba con el enojo, le soltó:

—¿Al señor Rodríguez le gusta escuchar detrás de las paredes?

—Depende de lo que esté pasando detrás de esa pared —contestó él, sin mostrar el menor remordimiento. Con una mano en el bolsillo del pantalón, aprovechando su estatura, la miró de arriba abajo antes de hablar con voz suave:

—¿Y tú? ¿Te arrepientes?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Marido Prestado