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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 1032

Nanette le pellizcó la nariz con suavidad.

—Ah, ¿ahora me pones condiciones?

—Si no aceptas, seguiré sin comer —amenazó Noel.

A Nanette casi se le escapa una carcajada de frustración.

—Antes pensaba que tú y tu padre no se parecían en nada, pero ahora veo que son igualitos. A los dos les encanta hacer berrinche y salirse con la suya.

Noel esbozó una media sonrisa.

—No soy como él. Él hace berrinche de verdad; yo lo hago por el bien de mi esposa.

Nanette le frotó la punta de la nariz.

—Está bien, dime tu condición.

Él la miró con unos ojos desbordantes de ternura y devoción.

—Si vuelves a enojarte conmigo, puedes pegarme, puedes gritarme, lo que quieras. Pero jamás vuelvas a irte sin decir nada. No dejes que no pueda encontrarte.

»Nanette, ¿tienes idea de lo aterrado que estaba cuando te busqué por todas partes y no dabas señales de vida?

»Creo que... ya no puedo vivir sin ti el resto de mis días.

Esas palabras golpearon el corazón de Nanette con tanta fuerza que su pulso se aceleró y sintió una punzada en el pecho.

Ella solo había querido castigarlo un poquito.

No se imaginó que lo afectaría a tal extremo.

A Nanette de verdad se le estrujó el alma.

Tomó su rostro entre sus manos y tomó la iniciativa de besarlo.

El brazo que él tenía alrededor de su cintura se apretó con ferocidad.

Se enfrascaron en un beso apasionado y desesperado, hasta que Nanette, reuniendo la poca cordura que le quedaba, lo apartó.

—¿Aún te duele el estómago?

Noel la levantó en brazos sin esfuerzo.

—Después de mi medicina, me siento de maravilla. Vamos a nuestra habitación.

Nanette se sintió muy avergonzada de que la sacara cargando así.

—Bájame, yo puedo caminar.

Pero Noel se negó a soltarla y usó el codo para abrir la puerta.

Y entonces...

Nanette escondió el rostro en el pecho de Noel de la pura vergüenza.

Los dos hombres que habían estado pegados a la puerta espiando fingieron demencia y caminaron hacia la habitación del bebé como si nada.

—Qué cosa, Ulises, ¿no decían las noticias que iba a llover mañana?

—Creo que sí, señor. ¿Va a salir mañana?

—No, no, claro que no. Ahora que tengo un nieto, ni loco salgo de la casa.

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