Sin embargo, mientras le ponía la ropa, la mirada de Noel se detuvo en el cuello de Nanette y soltó un par de risitas furtivas.
Al principio, Nanette no entendía de qué se reía, hasta que fue al baño y se vio al espejo.
En su cuello, en plena vista, ¡tenía dos chupetones bien marcados!
¿En qué momento se los había hecho? Ni siquiera se había dado cuenta.
—¡¿Cómo pretendes que salga así a la calle?! ¡Tengo que ir a la oficina!
Noel le dio un beso en la frente.
—Con un suéter de cuello alto nadie lo va a notar.
Nanette le dio un puñetazo en el hombro.
—¡Qué odioso! La próxima vez te dejaré marcas a ti, a ver cómo le haces para salir a la calle.
Noel la tomó por las axilas y, con la fuerza de sus brazos, la levantó en el aire.
Por puro instinto, Nanette enroscó las piernas alrededor de su cintura y se aferró a su cuello.
—¡Ni lo pienses! ¡Estoy molida!
Noel se echó a reír con ganas.
—Tranquila, hasta los caballos necesitan descansar. Solo quería decirte que no tienes que esperar a la próxima vez, puedes dejarme los chupetones ahora mismo. Yo saldría feliz a presumir las marcas que me dejó mi esposa.
Nanette estalló en carcajadas y le mordió suavemente la punta de la nariz.
—Hoy te salvaste. Lo dejamos para la próxima.
***
En la sala de estar, Joaquín arrullaba a su nieto.
—Papá.
—Papá.
Ambos lo llamaron al unísono.
En ese preciso instante, Joaquín sintió que la vida no le debía nada.
Resultaba que la mayor felicidad en su vejez se resumía en ese momento.
Su hijo y su nuera a su lado, y su nieto sonriéndole dulcemente en los brazos.
Una vida así no podía ser mejor.
—Ulises, dígale rápido a la cocinera que traiga el desayuno para el joven amo y la joven señora.
Nanette se acercó y tomó al bebé en brazos.
A decir verdad, tener a su hijo lejos la llenaba de nostalgia.
Pero al ver al bebé hacer tanta compañía a su abuelo y la inmensa vitalidad que le inyectaba al anciano, sintió que había valido la pena.
Nanette lo acunó un rato, le dio un montón de besos y luego se lo entregó a la niñera.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó