Al despertar, Noel ya se había marchado.
Melba comentó:
—El señor Noel se fue sin desayunar otra vez.
Nanette soltó un suspiro y le envió un mensaje a Isaac.
[No desayunó, asegúrate de que coma algo.]
Después de enviar el texto, se quedó mirando al vacío desde su silla.
Melba tuvo que llamarla dos veces.
—Señora, esta mañana vi al señor Noel salir del cuarto de invitados. ¿Anoche no durmieron juntos?
Nanette tenía la mente hecha un lío.
—Melba, no me preguntes sobre eso. Necesito estar sola un rato.
La mujer guardó silencio de inmediato.
Nanette, dándose cuenta de que había sonado un poco cortante, sintió una punzada de culpa.
—Perdóname, Melba. Fui grosera.
A Melba no le molestó en absoluto.
—Señora, siempre la he querido como a una hija. Y cuando una hija tiene un mal día, nosotros, los mayores, no nos ofendemos.
»Solo me preocupa que esté peleada con su esposo y que eso dañe su matrimonio.
Nanette le dio un mordisco a un panecillo, sin apenas sentirle el sabor, y decidió no ocultarle la verdad a Melba.
—Anoche... sí discutimos un poco.
—Señora, si me permite el atrevimiento, quisiera decirle un par de cosas desde el corazón. Espero no ofenderla.
—No te preocupes, Melba. Dime.
—He vivido muchos años y he visto todo tipo de gente, pero jamás había conocido a un hombre tan brillante y al mismo tiempo tan leal y protector como el señor Cortés.
»Todo lo que hace por usted sale de lo más profundo de su corazón. Sin importar la situación, usted siempre es su prioridad. Esté donde esté, lo primero que hace es asegurarse de que usted esté bien. Pone su bienestar por encima del de él; aunque él tenga que sufrir, siempre se asegura de que usted esté cómoda y a salvo.
»Hombres así no abundan, señora. Por eso le pido que valore lo que tienen y no deje que el orgullo los separe. Es normal que las parejas discutan, pero si las peleas se vuelven constantes, el amor se va desgastando.
»Les costó tanto esfuerzo estar juntos... no lo echen a perder. Si tiene alguna queja o duda, dígaselo de frente. Y si hay problemas, resuélvalos cuanto antes. No se guarde las cosas, ni deje que el tiempo pase, porque eso solo enfría el corazón.
Nanette meditó cada una de esas palabras.
—Lo sé, Melba. Muchas gracias.

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