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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 1106

Al escuchar eso, Melba salió de inmediato en defensa de Nanette.

—La señorita nunca se aprovecha de mí. Ella me trata como si fuera de su propia familia.

Nanette sonrió y hundió un dedo en el abdomen de Noel.

Estaba claro que, por muy ocupado que estuviera, no había descuidado su entrenamiento. Incluso a través de la ropa, se podían sentir claramente sus marcados abdominales.

—¿Te quedaste sin palabras, eh?

Al ver esos ojos brillantes y llenos de picardía, la mente de Noel pareció sufrir un cortocircuito. Bajó la cabeza, instintivamente dispuesto a besarla.

Joaquín le dio un manotazo en la cabeza para apartarlo.

—¡Ten un poco de decencia frente a los demás!

Noel sonrió, visiblemente avergonzado.

Se había dejado hipnotizar por su esposa al punto de olvidar por completo que la habitación estaba llena de gente.

Con los adultos no había tanto problema, al fin y al cabo era su esposa.

Pero Tina estaba ahí.

No era exactamente un espectáculo apto para niños.

Tina, con admirable madurez, se tapó los ojos con las manitas.

—Don Joaquín, deje que la bese. Ahorita el tío Noel solo tiene ojos para la señorita Nanette, los demás ni existimos para él.

Joaquín soltó una carcajada.

—Muchacho, si vivieras en la antigüedad, serías el típico rey capaz de perder su reino por una mujer.

Nanette soltó un exagerado quejido indignado.

—Papá, ¿me estás llamando mujer fatal?

Joaquín ignoró la broma y miró su reloj.

—Bueno, Ulises, es hora de irnos. Mi precioso nieto me está esperando en casa.

Nanette no pudo contener la risa.

Su suegro podía ser intimidante para muchos, pero en el fondo era un anciano absolutamente adorable.

Como Tina tenía clases de apoyo, Melba se la llevó y se marcharon junto con Joaquín y Ulises.

Al quedarse solas, Sabina se sintió un poco apenada de que su comentario hubiera desatado toda la planeación de la boda.

—Nanette, discúlpame. Hablé de más hace un momento.

Sabía que Nanette, en el fondo, no era partidaria de los eventos ostentosos.

Y mucho menos de organizar una boda tan repentina.

Nanette se acomodó tiernamente contra el hombro de Sabina.

—Madrina, la verdad es que yo también me he dado cuenta de que me hace mucha ilusión verme con un vestido de novia.

Sabina acarició su rostro.

—Serás la novia más hermosa de este mundo. ¿Verdad que sí, Noel?

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