—Hermana...
Apenas tomó el teléfono, Félix empezó a hacer pucheros.
—¿Puedo seguir quedándome al lado de mi cuñado en lugar de volver a dirigir Grupo Larco?
Noel le había propuesto a Félix lo de volver a Grupo Larco sin consultarlo primero con Nanette.
Por eso, al principio, ella se sorprendió un poco.
Pero no tardó en comprender las intenciones de Noel.
Por un lado, quería que Félix asumiera pronto las responsabilidades de la familia Larco.
Por el otro, no quería que ella se sobrecargara de trabajo.
Su esposo haría lo que fuera por protegerla como a una delicada flor de invernadero.
Nanette no dudó ni un segundo.
—Apoyo la decisión de tu cuñado.
Félix murmuró entre dientes:
—Ya sabía que dirías eso. Haces todo lo que dice mi cuñado.
Nanette sonrió.
—Si no le hago caso a mi esposo, ¿a quién se lo voy a hacer? No quiero causarle problemas a mi marido.
Hasta el propio Félix tuvo que reírse.
—Hermana, todo el mundo dice que mi cuñado es un loco enamorado, pero creo que tú estás igual de perdida por él.
Cierto esposo, al escuchar eso, arqueó los labios en una sonrisa de manera involuntaria.
Félix, muy consciente de la situación, le devolvió el teléfono a Noel.
Si no se lo daba pronto, estaba seguro de que se lo arrancaría de las manos.
Noel hizo un gesto con la mano.
Félix salió de la oficina, cerrando la puerta con cuidado tras de sí.
—Mi amor...
—Mi amor...
Ambos hablaron al mismo tiempo.
Nanette soltó una ligera carcajada.
—Habla tú primero.
—¿Estás muy cansada? —preguntó Noel.
Su voz tierna denotaba un toque de pereza.
—Cansada no. Es solo que...
—¿Que qué?
—Que extraño a mi esposo.
El corazón de Noel se llenó de un cálido cosquilleo.

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