—Mi amor, me da la impresión de que hay alguien moviendo los hilos a propósito.
—Yo pienso igual —coincidió Noel.
¿Acaso sería algún conocido?
Pero, ¿quién podría ser?
***
Justo antes de que Noel partiera hacia la cena, recibió un mensaje de Valeria.
El lugar de la reservación había cambiado a último momento.
En lugar del restaurante de moda, ahora la celebración sería en el salón VIP de un club privado.
Noel no le dio demasiada importancia.
—¡Hermano! Qué bueno que llegaste.
Apenas entró, Valeria se lanzó hacia él por costumbre.
Noel la detuvo sutilmente, manteniendo cierta distancia.
Valeria reaccionó y frunció los labios en un puchero.
—¡Ya veo que prefieres a tu esposa que a tu propia hermana!
Noel le entregó el regalo.
Valeria habló sin siquiera desenvolverlo.
—No me digas que es otra joya o un reloj.
Noel sonrió levemente pero no dijo nada.
Valeria continuó, quejándose un poco.
—Hermano, todos los años para mi cumpleaños me regalas lo mismo. Ya me aburrí.
—Ábrelo primero y luego hablamos.
Valeria, llevada por la curiosidad, abrió el paquete.
Lo primero que vio fue la figura de colección que tanto había deseado. Estaba tan emocionada que casi se abalanza a abrazar a Noel otra vez.
—¡Hermano! ¿Cómo sabías que me moría de ganas de comprar esta figura?
—Yo no lo sabía —aclaró Noel.
Valeria admiró la figura durante un buen rato, incapaz de soltarla, hasta que finalmente la guardó de nuevo en la caja con sumo cuidado.
—Entonces, ¿cómo se te ocurrió comprarme esto?
—¿Te gusta mucho?
—Sí, muchísimo. Me gusta mil veces más que cualquier joya.
—Qué bueno que te guste. Eso significa que le atinó. La idea del regalo no fue mía, sino de tu cuñada.
Valeria se quedó de una sola pieza.
—¡Cómo iba a ser de ella!

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