En su cabeza, el hombre ya había repasado la lista de todos sus enemigos.
Fue solo cuando una figura conocida asomó por la puerta que entendió a quién había hecho enojar.
Zulema, aterrorizada por la escena, corrió a sujetar el brazo de Venancio.
—¡Venancio, ya no le pegues! ¡Lo vas a matar!
En realidad, Venancio sabía perfectamente lo que hacía; sus golpes estaban calculados para causar un dolor insoportable, pero sin poner en riesgo la vida del sujeto.
Cuando él mismo se sintió agotado, bajó los puños.
—Ahí tienes el ejemplo —dijo Venancio, respirando con fuerza—. Que no se te olvide. La próxima vez que alguien intente sobrepasarse contigo, haz exactamente esto. ¿Entendiste?
Zulema asintió frenéticamente con la cabeza.
—Sí, sí, lo entendí.
Era su primera experiencia laboral seria y no conocía la brutalidad del mundo real.
Después de que la habían acosado y despedido injustamente, se sintió tan mal que solo buscó a Venancio para desahogarse un poco.
Jamás imaginó que él rastrearía al tipo tan rápido y vendría personalmente a romperle la cara.
La eficiencia de Venancio la había dejado sin palabras.
Estaba acostumbrada a que él la tratara con frialdad y sarcasmo.
Nunca lo había visto llegar a los golpes.
Y mucho menos con semejante salvajismo.
Zulema seguía un poco asustada.
Una vez terminó, Venancio sacó un fajo de billetes de su billetera y se los tiró a la cara al hombre ensangrentado.
—Ahí tienes para los gastos médicos. Piensa bien lo que vas a hacer. Si quieres seguir jugando al machito, yo te sigo el juego hasta las últimas consecuencias.
Dicho esto, agarró a Zulema del brazo y se marcharon sin mirar atrás.
Sin embargo, apenas cruzaron la salida, se toparon de frente con una cara conocida.
Al verla de nuevo, el corazón de Venancio no sintió el menor sobresalto.
Camila también se sorprendió bastante por la casualidad.
De inmediato, Venancio soltó la mano de Zulema.
Al sentir cómo la soltaba, Zulema experimentó cómo su propio corazón caía en picada hasta el fondo del estómago.
¡Ese simple gesto le pareció mil veces más doloroso que todas las crueldades que él le había dicho antes!
¿Lo hacía para demostrarle a su exesposa que no había nada entre ellos dos?
¡Qué maldito coraje!
Minutos antes, Zulema estaba tan conmovida por la forma heroica en que él la había defendido, que incluso empezó a fantasear con que, tal vez, él sentía algo por ella.
Ahora, todas sus ilusiones se habían hecho añicos.

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