¿Le dolerían las piernas?
Frente a Nanette, le daba demasiada vergüenza preguntárselo en voz alta.
Nanette abrió un cajón de su escritorio y sacó un sobre de papel manila.
—Esto es para ustedes.
Gael lo tomó, intrigado.
—¿Qué es esto?
—Ábrelo y averígualo.
Gael sacó los documentos, echó un vistazo y de inmediato volvió a meterlos en el sobre, empujándolo hacia Nanette.
—¿Por qué me das esto? ¡No lo quiero!
Solo por estar bajo el ala de esta mujer, él ya había alcanzado la cima de su carrera y cambiado su vida para siempre.
¿Cómo podía aceptar un regalo de esta magnitud?
Nanette tomó el sobre y se lo tendió a Iris.
Aunque Iris no entendía de qué se trataba, sabía que, si Gael lo rechazaba, ella tampoco debía aceptarlo.
Nanette suspiró y volvió a ponerlo en las manos de Gael.
—Es la escritura de la casa de Maravilla Encantada. No creo que vuelva a vivir ahí, y tenerla vacía es un desperdicio. Tampoco quiero venderla, así que decidí ponerla a tu nombre. Será su hogar para cuando se casen.
»Mi idea original era pagarles una boda por todo lo alto, pero dadas las circunstancias, no es el momento. Como dijiste antes, esperemos a que las aguas se calmen.
»Cuando todo vuelva a la normalidad, organizaremos la boda juntos.
A Gael se le hizo un nudo en la garganta.
No era el dinero. Era el peso abrumador de ese nivel de cariño y lealtad.
Durante todos sus años en el Hogar del Niño Esperanza, nunca supo lo que era ser amado por una familia.
Lo había deseado con toda su alma, pero al final se había resignado a la soledad.
Y, cuando ya no esperaba nada de la vida, apareció ella.
Haberla conocido ya era la mayor suerte de su existencia. No podía abusar de su bondad.
—¡No lo aceptaré, Nanette! —insistió Gael con terquedad—. Esa casa te la dejó el presidente Larco. ¡No puedo quedármela!
Nanette le dedicó una sonrisa suave.
—Justamente porque él me la dejó, me niego a venderla. Pero una casa sin gente pierde su propósito. Ustedes me harían un gran favor viviendo ahí y dándole vida.
Pero Gael siguió negándose en rotundo.
Viendo que por las buenas no funcionaba, Nanette cambió de estrategia y adoptó un tono autoritario.

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