—Noel...
Jovita se detuvo a un par de pasos de distancia.
A Noel no le sorprendió verla ahí.
Con una tragedia tan grande en la familia Quintero, Arturo Zamora definitivamente iba a presentarse.
Y si él venía, era un hecho que traería a Jovita con él.
Dar el pésame por Miguel era solo una fachada; llevar a Jovita para que conociera a su futuro suegro era el verdadero propósito.
Noel lo tenía claro.
Y Jovita lo sabía aún mejor.
Por eso tenía miedo.
Estaba buscando auxilio.
—Escuché la conversación que tuvieron ahí adentro.
Jovita suplicó sin rodeos: —Noel, ayúdame, ¿por favor?
Noel respondió con firmeza.
—No.
Entre ellos no debía existir ningún tipo de vínculo.
Sonaba cruel, pero era la mejor manera de cortar el problema de raíz.
Jovita se aferró al brazo de Noel como si fuera su única tabla de salvación.
—Solo tienes que entregarle los viñedos a Don Primitivo, y la familia Quintero se pondrá de lado de los Cortés.
Así, ella tampoco tendría que casarse con Patricio Quintero.
Solo de pensar en el violento historial de ese hombre, temblaba de terror.
—Eso también beneficia a los Cortés, ¿por qué no puedes hacerlo?
Noel se apartó de su agarre y retrocedió un par de pasos.
—Esos viñedos fueron el proyecto de vida de mi madre, no estoy dispuesto a cederlos.
Y mucho menos le gustaba que intentaran «negociar» con él mediante amenazas.
La familia Cortés nunca se había arrodillado ante nadie.
Las lágrimas de Jovita comenzaron a brotar sin control.
—Noel, te lo ruego, ayúdame. Si tú no me ayudas, nadie más lo hará.
Noel le dirigió una mirada fría.
—Lo siento, no hay nada que pueda hacer.
Dicho eso, se dio la media vuelta para irse.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó