Creía que sería capaz de manejarlo todo.
Y sin embargo, había permitido que Dora le arrebatara a alguien de su lado.
¿Por qué aquella chica tan tonta tuvo que lanzarse así?
Siempre había sido tan cuidadosa con todo, ¡¿por qué tuvo que hacerse la valiente justo hoy?!
***
Gael insistió en seguir adelante con la boda.
Se organizó una pequeña y dolorosa ceremonia en la sala principal de Maravilla Encantada.
Noel no estaba presente, tampoco Venancio. Pero todos los demás que podían estar, estaban allí.
Xavier se ofreció a oficiar la boda, pero Don Joaquín dijo que él mismo lo haría.
Gael miró a la chica que parecía estar sumida en un sueño profundo y dijo con una leve sonrisa:
—Si esta pequeña se entera de que el propio Don Joaquín ofició nuestra boda, se sentiría tan halagada que no sabría qué hacer.
Nanette apretó los ojos con fuerza, haciendo lo imposible por no echarse a llorar.
Valeria Cortés, hecha un mar de lágrimas, se aferraba al brazo de Nanette.
—Ayer estaba tan bien... ¿cómo es que de repente...?
Félix le apartó la mano con cuidado.
—Suelta a mi hermana. ¿No ves que está destrozada?
Sabía que su hermana estaba fingiendo ser fuerte.
Estaba resistiendo.
No lloraba, pero no porque no le doliera, sino porque ya se había escondido a llorar hasta que se le secaron las lágrimas.
Con las palabras de Don Joaquín como guía, Gael le puso el anillo de bodas a Iris.
Se inclinó, besó su frente y, con una ternura que nunca antes había mostrado, le susurró:
—Mi niña, a partir de este momento, eres mi esposa. Eres la mujer de Gael. Así que de ahora en adelante puedes gritarle al mundo que yo soy tu marido. Si alguien se atreve a molestarte, tu esposo dará la cara por ti.
Su voz era tan suave y delicada, como si temiera despertar a alguien de un dulce sueño.
Sabina Prieto lloraba desconsolada, apoyada en el hombro de Quintín.
A Quintín también se le partía el corazón, pero le preocupaba la salud de su esposa.
—El doctor dijo que no puedes alterarte demasiado, trata de calmarte un poco —le susurró.
Pero ante una escena así, ¿quién podría contenerse?
Una chica tan buena como Iris, arrebatada de la vida en un parpadeo.
Ese había sido su destino.
Después de tantas penurias, al fin se había liberado de su asfixiante familia y había encontrado a un buen hombre. Justo cuando estaban a punto de casarse, su vida se apagó.

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