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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 1249

Nanette siempre había tenido en mente buscarle a alguien de confianza para que lo apoyara.

—Consuegro —comenzó Joaquín—, hoy vine especialmente con Noel para saludarlos. Cuando llegaron a San Lirio no fuimos a recibirlos, fue una gran falta de cortesía de nuestra parte.

Remigio le echó un vistazo a los costosos regalos que inundaban el piso.

—Por favor, ¿cómo íbamos a atrevernos a hacer que el gran Don Joaquín viniera a recogernos?

Daniela le dio un codazo sutil.

—Consuegro, ¿por qué trajo tantas cosas? Es demasiado amable.

—Son solo algunos detallitos sin importancia —respondió Joaquín.

—Bueno, la familia Vidal no será tan rica como la familia Cortés, pero al menos sabemos distinguir el valor de las cosas. No diga tonterías —atacó Remigio.

Nanette frunció el ceño.

—¡Papá! ¡No le hables así a mi suegro!

Remigio murmuró por lo bajo:

—Claro, siempre defendiendo a los de afuera.

Nanette lo fulminó con la mirada y luego le sonrió a Joaquín.

—Papá Joaquín, la próxima vez no traigas nada. Si a cierta persona no le gustan, déjalos en casa y te los comes tú.

Joaquín se quedó sin saber qué contestar.

De repente, Noel rompió el silencio.

—Suegro.

Remigio lo ignoró.

Noel caminó hasta él y, sin previo aviso, se arrodilló.

El gesto tomó a todos por sorpresa.

Incluso Nanette se quedó boquiabierta.

—Suegro, me equivoqué. Por favor, no esté enojado.

Remigio se molestó aún más.

—¡Un verdadero hombre no anda arrodillándose por ahí! ¡Levántate!

—No me estoy arrodillando ante cualquiera, me arrodillo ante mi padre —respondió Noel.

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