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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 127

Noel levantó la vista y le dirigió una sonrisa reconfortante.

—¿Por qué piensas que no me beneficia en nada?

En la mirada del hombre solo había sinceridad; no se percibía ninguna doble intención.

—Puedes pensar que tengo mis propios intereses, porque necesito que te conviertas en mi socia. Necesito que resuelvas tus problemas personales lo antes posible para que podamos trabajar juntos y a la par.

Nanette frunció un poco el ceño.

—Aun así, siento que te debo muchísimo.

—Ten en cuenta que, en el momento en que te unas a Nube Alta, lo que yo voy a ganar superará con creces lo que te estoy dando hoy.

—Si tú lo dices... pero...

—La verdad, podríamos aprovechar el tiempo en platicar de cosas más productivas —la interrumpió Noel.

Nanette apretó los labios. Quería decirle que le devolvería el collar. Sin embargo, parecía que tendría que quedarse con esa deuda por el momento. Ni hablar. Ya encontraría la forma de pagarle después.

De pronto, a Nanette le surgió una duda. Aunque estaba segura de que Noel sabría cómo resolverlo, no pudo evitar bromear al respecto:

—¿Y si el dueño del restaurante se pone a investigar y da contigo? Se te cae la imagen en un segundo.

Noel esbozó una sonrisa misteriosa.

—Ya es hora de que aprenda la lección.

Tras salir de la casa de Noel, Nanette regresó directamente a Colinas de Monteverde. En el camino, Galileo le marcó. Nanette miró la pantalla de su celular y contestó al instante.

—La persona que golpeó a Dina ya se entregó a la policía —dijo Galileo—. Es un delincuente de poca monta, ya tiene antecedentes penales. Quién sabe cómo se coló en el restaurante, pero se metió a descansar a ese cuarto después de tomar. Dice que Dina lo interrumpió y, como estaba borracho, perdió los estribos y la agarró a golpes.

Sonaba creíble y sin fisuras. Nanette se sorprendió de lo rápido que actuaba Noel. Efectivamente, era un criminal cualquiera que había recibido dinero para echarse la culpa. Para él, pasar unos días encerrado a cambio de una buena lana era un trato excelente.

En el fondo, Galileo tenía sus sospechas. Sin embargo, no quería hacer un escándalo. Si el asunto se hacía público, su reputación saldría manchada. Además, el gerente del Restaurante La Terraza Real ya había ido personalmente a pedir disculpas y había ofrecido una compensación económica. Por lo tanto, Galileo prefirió dar el tema por cerrado.

—Nanette... —Galileo dejó atrás la actitud hostil de la noche anterior y habló con un tono mucho más suave—. Nos equivocamos contigo.

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