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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 1277

—Así que...

Adrián cerró los ojos, tratando de asimilar la opresión que le quemaba el pecho.

Si su hermana se había convertido en eso, era en parte culpa de la familia Cortés, pero también suya.

Si no hubiesen avivado el fuego en su momento, a ella nunca se le habría arraigado semejante obsesión enfermiza por Noel.

—¿Así que convenciste a la mano derecha de nuestro padre para que montara todo este teatro contigo?

»Apareciste justo a tiempo para supuestamente proteger a Noel, y frente a él gritaste que estabas dispuesta a sacrificar tu cuerpo con tal de salvarlo.

»Pero lo que no te imaginabas era que él se defendería a muerte, y por eso improvisaste todo el drama del traumatismo craneal severo y la pérdida de la memoria.

Jovita retrocedió horrorizada al ver la expresión lúgubre de su hermano, clavando los ojos en él.

—Tú... ¿cómo te enteraste de todo esto...?

Adrián no le contestó. Simplemente se dio media vuelta y miró hacia la puerta que acababa de abrirse.

Nanette asomó una sonrisa llena de sarcasmo y comenzó a aplaudir lentamente mientras decía:

—La actuación de la señorita Zamora se ha vuelto impecable, hay que admitirlo. Es digna de una superestrella de Puerto Alba. Tienes verdadero talento.

Jovita cayó sentada en el sofá, completamente espantada.

—Ustedes... ustedes...

De repente, las piezas del rompecabezas encajaron en su cabeza.

—¡Adrián Zamora! ¡Te volviste loco! ¡¿Cómo pudiste aliarte con ella?!

Jovita se puso en pie de un salto, y como si le hubiera dado un ataque de histeria, empezó a arrojar todo lo que tenía al alcance.

En cuestión de segundos, la habitación se convirtió en un desastre.

Adrián se quedó allí parado, en completo silencio, sin mover un dedo para calmarla.

Fue hasta que ella tomó un objeto para lanzárselo directo a Nanette cuando él reaccionó, agarrándola del brazo en el aire.

—¡Ya basta!

Con los ojos inyectados en sangre, Jovita le lanzó una mirada llena de odio.

—Hasta un perro, si lo cuidas todos esos años, aprende a serle leal a su amo. Hoy por fin me doy cuenta de que haberte criado en la familia Zamora fue peor que haber mantenido a un perro callejero.

A pesar de lo hirientes que fueron sus palabras, Adrián no mostró ni una chispa de enojo.

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