Hugo se recuperaba bastante bien.
Sin embargo, a corto plazo no podía moverse con total libertad y debía pasar la mayor parte del tiempo en la cama del hospital.
—¡Señora Nanette!
Al verla entrar, Hugo se emocionó tanto que intentó levantarse.
Nanette corrió hacia él y lo obligó a acostarse.
—No te muevas.
—Señora, ¿cuándo llegó a Puerto Alba?
Ella le rozó con cuidado los vendajes de la cabeza.
—Llegué hace unos días, pero recién vengo a verte. No estarás enojado conmigo, ¿verdad?
El muchacho sonrió avergonzado.
—Que haya venido a verme es un gran honor. ¿Cómo podría enojarme?
Nanette lo miró con tristeza, viendo todos los vendajes que cubrían su cuerpo.
—Has sufrido mucho.
—No es nada —restó importancia Hugo—. Son solo heridas superficiales. Pronto estaré bien.
Estaba tan lastimado que casi pierde la vida, y lo llamaba «heridas superficiales». Este chico, a pesar de su corta edad, tenía una valentía envidiable.
Noel rio suavemente.
—Me parece que no notaste mi presencia.
Hugo rio nerviosamente.
—Señor.
Noel le palmeó el hombro, con la misma confianza que tendría un hermano mayor.
—Veo que te recuperas bien. Pero quédate aquí hasta que estés completamente sano. Solo entonces te daremos el alta.
Hugo preguntó en voz baja:
—Señor, cuando salga del hospital, ¿puedo seguir siendo el guardaespaldas de la señora Nanette?
Noel sonrió.
—Parece que ahora solo tienes ojos para ella, ¿eh?
Hugo miró a Nanette de reojo.
Ella tomó la palabra.
—La verdad es que ya me acostumbré a tenerte cerca, así que más te vale mejorarte pronto. Te estaré esperando.
El chico no pudo ocultar su alegría.
—Sí, señora, me recuperaré lo más pronto posible.
***
Después de almorzar, Noel sugirió llevar a Nanette a visitar los viñedos en Costa Oeste.
A Nanette no le pareció extraño; sabía que ese viñedo lo había creado personalmente la madre de Noel, así que ella también tenía curiosidad de conocerlo.
Pasearon entre las vides durante mucho tiempo. Cuando por fin se fueron, ya estaba anocheciendo.
En el camino de regreso, Nanette llamó a Fabián Vidal.
Había mucho ruido de fondo.
—Fabián, ¿dónde estás? Hay muchísimo ruido.

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