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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 20

—¡Se supone que eres la niña bien de la familia Godoy, pero te la pasas haciendo berrinches como verdulera! ¡No tienes nada de educación, qué vergüenza!

»Soy la esposa de tu hermano; mínimo me hablas con tantito respeto. ¡A eso se le llama no tenerle respeto a los mayores!

»Dime, ¿quién es la descarada aquí?

A Dina se le empezaron a poner los ojos llorosos.

Respiró hondo un par de veces y le apuntó a la cara de Nanette con sus uñas pintadas.

—Tú... tú... ¡no te creas mucho! ¡Tarde o temprano te voy a correr a patadas de la familia Godoy!

Nanette se encogió de hombros.

—Estaré esperando sentada.

Dina se fue corriendo, echando chispas.

Melba se acercó y le dijo en voz baja:

—Señora Nanette, esa niña es el mismísimo diablo. Mejor ni se le acerque. Con el berrinche de hoy, quién sabe qué teatrito le vaya a armar después.

Nanette sonrió sin darle importancia.

—Con el cerebro que tiene, ni para poner buenas trampas sirve. Déjala que haga lo que quiera.

—Ay —suspiró Melba—, con lo mal que la tratan, y usted todavía se avienta el viaje hasta quién sabe dónde para traerles estas cosas buenas. Qué bárbara.

Nanette se acercó al oído de Melba.

—Después de cenar con mi amiga, pasé al súper y compré lo que nadie quiso. Estaba a mitad de precio, súper barato. Hasta me regalaron el costal.

Y en cuanto a los rasguños del brazo...

Se los había hecho ella sola con las uñas, por accidente, al rascarse.

Hacerse la víctima y armar un teatro, cualquiera podía hacerlo.

Melba soltó una carcajada.

Nanette se puso el dedo índice en los labios.

—Shh.

—Mañana mismo hago un buen caldo —dijo Melba entre risas—, para que nuestra querida señora Yolanda se recupere bien.

Nanette ya se imaginaba que Dina iba a ir con el chisme y a exagerarle todo a Galileo, así que antes de volver, ya tenía su plan preparado.

Claro, también fue a ver si pegaba el chicle.

Nanette no estaba tan segura de si la táctica de dar lástima iba a funcionar con Galileo.

Al fin y al cabo, Galileo normalmente ni la pelaba.

Pero resultó mejor de lo que esperaba.

Al día siguiente.

Nanette se topó a Galileo en el comedor. Eso sí era rarísimo.

Significaba que anoche Galileo no se había quedado a dormir en el hospital.

Galileo le habló primero.

—¿Por qué te paraste tan temprano? Ayer manejaste un buen rato, deberías haber dormido más.

Capítulo 20 1

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