Noel caminó hacia la ventana y contestó.
Del otro lado se escuchó la voz de Nanette, todavía un poco ronca.
—Noel, ¿estás muy ocupado? ¿Andas en la oficina?
—No mucho, aquí ando en la empresa.
—Estoy aquí abajo, en la entrada. Quería subir a verte, no sé si se pueda ahorita.
—Claro que se puede. Bajo a buscarte.
—No te preocupes, no te molestes. Nada más avísale al guardia para que me deje pasar y yo subo.
—Espérame ahí.
Al darse la vuelta, vio que Dina estaba parada justo detrás de él.
—¿A quién vas a ir a buscar? —preguntó ella de metiche.
Noel frunció el ceño.
—Señorita Godoy, ¿nunca le enseñaron que es de pésima educación escuchar las llamadas ajenas?
A ella le importó un comino el regaño.
—Pues nomás tenía curiosidad de saber con quién hablabas. A ella sí le hablas bien bonito y a mí me tratas re mal.
»¿Era tu prometida?
Noel le echó una mirada a la recepcionista.
La chica, que era lista, captó la indirecta al instante.
—Señorita Godoy, el señor Cortés tiene una junta ahorita. Le pido de favor que nos acompañe a la salida.
Dina estiró los labios, ofendida, y se plantó frente a Noel.
—Me voy, pero primero dime cuándo nos volvemos a ver.
A Noel ya se le estaba acabando la paciencia.
—Señorita, creo que ya fui bastante claro. Le sugiero que lo vaya asimilando. Y le advierto una cosa: Si vuelve a venir a la oficina a armar un show, la voy a sacar sin contemplaciones.
Dicho eso, dio media vuelta y la dejó ahí parada.
Dina sentía una mezcla de tristeza y berrinche atorado.
Con el trabajo que le había costado que la recibiera, para que ni la dejara hablar y la terminara corriendo.
Dina miró a la recepcionista con cara de perro regañado y le preguntó:
—¿A poco Noel siempre es así de frío?
La muchacha, que no tenía pelos en la lengua, contestó:
—¡Para nada! Él siempre es a todo dar, nos trata súper bien a todos.
Dina casi echa humo por las orejas.
—¿Otra vez vino a darte lata? —preguntó ella.
—Ya le voy a decir al guardia que a la próxima no la deje pasar.
Nanette se dio cuenta de que Noel no se andaba por las ramas con la gente que le caía mal.
Le importaba muy poco quiénes fueran o si eran mujeres.
—A esa niña la tienen súper chiflada, se cree que puede tener todo lo que se le antoja.
Ya adentro del elevador, Noel no le había soltado la mano.
Nanette cayó en cuenta y se soltó de inmediato, incómoda. Él se disculpó de inmediato.
—Perdón, me agarraron las prisas. No quería que te viera y se pusiera a armarte un escándalo.
Nanette soltó un suspiro pesado.
—Si hoy vine a buscarte hasta acá, es porque ya todo me da igual... Noel...
—¿Qué pasó?
—Vine porque traigo unas dudas y la verdad quería pedirte un consejo.
—Va. Vamos a mi oficina y platicamos con calma.
Subieron al piso de Noel, y de pronto él se acordó de algo.
—¿Quieres pasar a saludar a Camila? Su departamento está aquí a la derecha.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó