—¡Cállate! —le gritó Eloísa, enfurecida—. ¡A partir de hoy, te prohíbo volver a mencionar el pasado! Y si lo haces, olvídate de la herencia, ¡cuando me muera la dono toda y te dejo sin un quinto!
Félix captó la indirecta y cerró la boca de inmediato.
Sabía muy bien que su madre no amenazaba en vano.
—Y sobre la muerte de tu padre, ¿acaso crees que no tuviste la culpa? La noche que nos peleamos, tú estabas ahí, ¿no? Y te quedaste como si nada jugando tus jueguitos, sin decir ni pío.
—¡Si hubieras intentado calmar las cosas, a lo mejor no le habría dado el infarto del coraje!
Félix murmuró entre dientes, bastante molesto.
—Ahora resulta que fue mi culpa, cuando claramente fuiste tú la que...
Ante la mirada asesina de Eloísa, Félix prefirió callarse.
Miró hacia la entrada principal con cierta nostalgia.
Nanette ya no estaba.
Pero no lograba sacarse su imagen de la cabeza.
Nanette se quedó un momento parada frente al portón cerrado.
A sus espaldas solo había decepción y frialdad, por eso no quería mirar atrás.
En su mano, apretaba con fuerza la dirección que le había dado Eloísa.
Según le dijo, había mandado a su madre a una pequeña granja en las afueras del sur de la ciudad y les pagaba para que la cuidaran.
Lo único que agradecía Nanette era haber tenido los recursos suficientes para negociar con Eloísa y salvarle la vida a su madre.
Si no... ni siquiera quería pensarlo.
Noel seguía esperándola en el coche.
Nanette abrió la puerta y se sentó en el asiento del copiloto. Lo miró con los ojos cristalizados por las lágrimas.
Abrió la mano, mostrando el papelito todo arrugado.
—Noel...
Noel tomó el papel y se sorprendió al sentir lo frías que estaban sus manos.
—¿Por qué estás tan helada?
Nanette se señaló el pecho.
—Lo que tengo helado es el alma; por dentro estoy hecha pedazos.
Se mordió el labio con fuerza, luchando por contener el llanto.
A Noel se le apretó el corazón y la atrajo con cuidado hasta abrazarla. Las lágrimas de Nanette comenzaron a brotar sin control.
—Sí.
Quería que todo saliera rápido, limpio y, sobre todo, que ella llevara el control.
Noel no la presionó. —Claro, cuando te sientas lista.
Aunque él no hizo más preguntas, ella sintió la necesidad de contárselo.
—Todo depende de cuándo Eloísa le venda la empresa a Galileo.
Noel lo captó al instante y la miró con admiración.
—Vaya, eres brillante. Digna de ser el pilar de Nube Alta y mi mano derecha.
Era inteligente, centrada y ya no se dejaba pisotear. Sabía elegir el momento exacto para contraatacar y darle a sus enemigos donde más les dolía.
Excelente.
Esa era la imbatible "Storm" que había conocido años atrás.
Nanette se frotó la cintura adolorida.
Tanto ajetreo físico y desgaste emocional la tenían hecha polvo.
A Noel le dolía verla así. Había cosas que no podía decirle directamente, así que trató de aconsejarla como un buen amigo.

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