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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 236

Noel pensó que Nanette estaba triste y se quedó un momento en silencio. Nanette por fin reaccionó.

—Si Yolanda se entera de que Galileo tiene a una amiga íntima a sus espaldas, se va a volver loca.

Después de todo, resulta que el amor de Galileo por la mujer de su hermano no era tan puro ni incondicional.

¿De dónde diablos había salido esa otra mujer?

Noel dudó antes de hablar:

—Tú...

Nanette soltó una carcajada.

—No te hagas ideas, ahorita ya no siento absolutamente nada por Galileo. Olvídate de una amiga íntima, así tuviera un harén entero, no me dolería ni un poquito.

Sus sentimientos por él estaban más que muertos.

Por eso, a Nanette no le importaba en lo absoluto cuántas amantes o aventuras tuviera.

—Solo me tomó por sorpresa. Creí que Galileo adoraba a la mujer de su hermano, que era la única para él. ¿Cómo iba a tener a otra mujer por ahí?

—Tal vez para Galileo, tener esposa, amante y confidente no sea algo que se contradiga —respondió Noel.

Esas palabras le abrieron los ojos.

Nanette no pudo evitar bromear:

—Y tú, Noel, ¿también crees que no se contradicen?

Noel giró hacia ella con una mirada tan cálida que desarmaba.

—Yo espero que mi esposa, mi amante y mi confidente sean la misma persona.

El corazón de Nanette empezó a latir un poco más rápido.

Tras aclararse la garganta, apartó la mirada de inmediato.

De pronto, no se atrevía a verlo a los ojos.

Para evitar que el ambiente se pusiera incómodo, Nanette cambió de tema rápidamente.

—Si es la confidente de Galileo, ¿por qué me ayudó hace rato?

Noel tampoco tenía idea.

—Esa respuesta solo la sabe ella.

Nanette tuvo que dejarlo pasar.

Tampoco era como si pudiera ir a tocarle la puerta a esa mujer solo para pedirle explicaciones.

***

—Tú misma lo has dicho, es mi asistente.

Al ver que se había enojado, Yolanda intentó contentarlo con un tono meloso.

—Ay, no le pregunté nada malo. Solo le pregunté si tenías algún compromiso esta noche, me dijo que no y le colgué.

Galileo apartó el brazo que Yolanda había aferrado contra su pecho y caminó hacia el interior de la casa.

—Salió un cliente de imprevisto, no le avisé a Silvio, así que obviamente él no lo sabía.

Antes de que Yolanda pudiera decir algo, Galileo bajó el tono de voz y soltó:

—No me gusta nada que te metas en mis asuntos de trabajo.

Yolanda se quedó helada.

Esa frase le sonaba de algo.

Cierto.

Tiempo atrás, Galileo le había dicho lo mismo a Nanette.

En esa ocasión, Yolanda estaba presente; Nanette solo le había preguntado por su trabajo por pura cortesía, y la expresión de él se había endurecido de inmediato.

Cuando Yolanda escuchó a Galileo hablarle a Nanette con tanta frialdad, hasta lo disfrutó como si fuera un espectáculo.

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