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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 245

¿Acaso de verdad se estaba enamorando de esa mujer?

Nanette tamborileó el dedo índice sobre la mesa.

—Hace rato dijiste algo muy cierto: que no tengo dónde caerme muerta.

—¿Entonces qué chingados me importa perder más? Si no consigo lo que quiero, te juro que este divorcio lo voy a hacer eterno.

—Ah, por cierto. El abogado que lleva mi caso se llama Benito.

A Galileo se le fue la sangre a la cara. ¿Estaría hablando del mismísimo Benito, el abogado que jamás había perdido un solo caso en su vida?

Era un tipo casi imposible de contratar y con unas mañas rarísimas. No importaba cuánta lana le ofrecieran, él solo trabajaba si le daba la gana.

Si amanecía de buenas, agarraba casos gratis como servicio social; pero si andaba de malas, te sacaba hasta los ojos con sus honorarios.

Nanette sonrió con malicia.

—Así es. Ese mero.

Galileo seguía sin podérselo creer.

—¿Cómo diablos conseguiste que te representara?

—Pues fíjate que tuve suerte. Casualmente lo agarré de buenas —respondió Nanette con cinismo.

—Ese cabrón cobra carísimo.

—Me sobra para pagarle.

—¿De dónde vas a sacar dinero tú? Si yo sé perfectamente que no traes un peso partido por la mitad.

Nanette esbozó una sonrisa enigmática.

—¿A poco Eloísa no te contó? Qué raro.

Galileo la miró, más confundido que nunca.

—¿De qué fregados me hablas?

Nanette hizo una pausa dramática de un par de segundos.

—¿Te acuerdas de la deuda de seis mil millones que tenía mi familia?

—Obvio. ¿Eso qué tiene que ver?

—Tú nada más fírmame el traspaso, yo me encargo de conseguir el dinero.

—Ni lo sueñes. Me voy a quedar con Grupo Larco cueste lo que cueste. Y si lo que quieres es llevar el divorcio a juicio, pues le entramos. Mi familia tiene dinero de sobra para aguantar cualquier pérdida.

Nanette se quedó callada unos instantes, borró la sonrisa de su rostro y se llevó una mano al vientre.

—Piénsalo bien. No me vas a regalar la empresa, me la vas a vender. A cambio, en cuanto me des los papeles, yo desaparezco de sus vidas para siempre, firmo la separación de bienes y no vuelvo a molestar a ningún Godoy.

—Pero si te aferras a irte a juicio, te juro que no solo van a perder dinero.

—Y ya ni hablemos de tu numerito de “niño bueno” o de las acciones de tu empresita… ¿a poco ya no te importa lo que le pase a Yolanda?

Galileo tragó saliva.

—¡Ella no tiene nada que ver en esto!

Nanette soltó una carcajada amarga.

—Se me olvidaba un detallito. La foto que rompiste el otro día, donde sales tú con Yolanda entrando al hotel… la saqué en un montón de copias.

—También tengo unas fotos muy entretenidas de los dos dándose unos buenos agasajes en el coche.

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