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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 26

Nanette: [Espera mi mensaje.]

Camila: [Sin problema.]

Camila recordó algo y le escribió:

[Mañana en la noche hay reunión de la universidad, ¿jalas?]

Nanette no lo dudó: [Ahí estaré.]

Camila: [Ponte muy guapa, hay que dejarlos con la boca abierta.]

Nanette sonrió para sí misma: [Por supuesto.]

Al día siguiente, Nanette despertó, revisó su celular y el sueño se le espantó de golpe.

Mil quinientos millones de pesos, ni un peso menos.

El concepto de la transferencia tenía el nombre de la joyería.

Nanette le dio mil vueltas al asunto sin entender.

¿Tanto confiaban en ella?

¿No tenían miedo de que se diera a la fuga?

¿O de plano a esa persona le sobraban esos 1500 millones?

Nanette chasqueó la lengua.

Sin duda se trataba de alguien asquerosamente rico, de esos que nadaban en dinero.

Qué lástima no poder conocer su rostro.

Nanette bajó al comedor.

Yolanda ya estaba desayunando; al verla, le rodó los ojos y la ignoró.

Mejor, así desayunaba en paz.

Pero apenas dio un par de bocados cuando Dina apareció con una sonrisita maliciosa.

—A que no adivinas dónde durmió mi hermano anoche.

Nanette siguió masticando su pan dulce, dándole el avión.

Dina abrió los ojos de par en par. —¡Te estoy hablando! ¡No seas igualada, no me ignores!

Nanette levantó la mirada con pesadez. —¿Con quién platicas?

Dina torció la boca. —¡Pues nada más estamos tú y yo! ¡Con quién más va a ser!

—Ah —respondió Nanette—, con razón escuchaba el zumbido de una mosca, resulta que eras tú.

—La familia Godoy se enorgullece de ser gente de valores y buenas costumbres. Si andas diciendo eso, la gente va a pensar que aquí hay relación inapropiada.

—¿O qué crees que dirán? ¿Que Galileo es un desgraciado que se mete con su cuñada a sabiendas? ¿O pensarán que Yolanda es una cualquiera, que no dejó ni enfriar al marido para irse a meter a la cama de Galileo por interés?

—La gente es muy chismosa, y te apuesto a que las pedradas estarían peores.

—¡Nanette! —Dina soltó un manotazo en la mesa—. ¡Eres una víbora! ¡Qué diablos estás diciendo! ¡No digas pendejadas, lo de ellos es amor de verdad!

¿Amor de verdad?

Nanette casi suelta la carcajada.

Qué chamaca tan ingenua.

Aunque, la verdad, Yolanda tenía su mérito al haberle lavado el cerebro tan bien a la chiquilla.

—Dina, sea amor de verdad o no, no puedes andar soltando la lengua. Hay cosas que uno se calla, porque si hablas, le das armas a la gente para que se burle de la familia Godoy, ¿entiendes?

A Dina le hirvió la sangre.

Su plan era hacer enojar a Nanette.

Y al final la que casi se infarta del coraje fue ella.

Perdiendo los estribos por completo, Dina agarró su vaso de leche y se lo echó en la cara a Nanette.

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