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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 267

—Pero la perdí, Remigio. Seguro me odias con toda tu alma...

Nanette se quedó helada.

Noel también pareció desconcertado.

Al reaccionar, ambos comprendieron al instante quién era ese tal «Remigio Vidal».

A Nanette se le hizo un nudo en la garganta y los ojos se le llenaron de lágrimas.

Resultaba que su padre biológico se llamaba Remigio.

Remigio...

Melba se secó las lágrimas.

—Señora, él no es quien usted cree. Es Noel Cortés, un buen amigo de la señorita.

Candela se le quedó viendo a Noel, perdida.

Él le tomó la mano. —Señora, soy Noel.

El inusual brillo en los ojos de Candela se fue apagando poco a poco.

Empezó a balbucear un montón de cosas ininteligibles.

Melba la tomó del brazo y la llevó de vuelta a su recámara.

Nanette se quedó absorta durante un buen rato.

Noel no dijo nada y empezó a recoger los platos en silencio.

Para cuando Nanette reaccionó, Noel ya estaba en la cocina lavando los trastes.

Se acercó de prisa.

—Déjame eso a mí, ¿cómo te voy a poner a lavar los platos?

Noel le sonrió.

—Yo me encargo, ya me mojé las manos.

Nanette dio un paso atrás y se recargó en el marco de la puerta.

—Noel.

—¿Mande?

—Resulta que mi apellido real debería ser Vidal.

—Sí.

—¿A qué crees que se dedicaba mi verdadero padre?

Noel lo pensó un momento.

—Seguro no era cualquier persona.

—¿Y tú cómo sabes?

—Un hombre que tuvo una hija con memoria fotográfica y tantas habilidades no podría ser un hombre común y corriente.

Nanette soltó una carcajada.

—No sabía que fueras tan bueno para los halagos.

—Solo digo la verdad.

Noel curvó los labios. —Y pensar que Isaac siempre dice que no sé expresarme.

—Se ve que te llevas muy bien con Isaac.

Aunque parecían jefe y asistente, en realidad se trataban más como hermanos.

—Hace tiempo, Isaac casi pierde la vida por salvarme. Se podría decir que él me dio una segunda oportunidad de vivir.

Nanette abrió los ojos con sorpresa.

—¡No me digas!

—Sí. Tiene una cicatriz enorme en la espalda que le quedó por protegerme.

—Con razón lo tratas como a un hermano menor.

Los ojos de él reflejaban una profunda serenidad, como si guardaran las experiencias de los años.

—¿Alguna vez te he contado sobre mi familia?

Nanette no entendía por qué sacaba el tema de repente.

—¿Por qué de pron...?

Pero se interrumpió a sí misma y sonrió con picardía.

—Oye, si me entero de demasiadas cosas, ¿no correré peligro? Ya ves que dicen que entre menos sepas, mejor.

Noel le regaló una sonrisa llena de ternura.

—Yo me encargo de mantenerte a salvo.

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