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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 31

Galileo tocó a la puerta de Nanette un buen rato, pero no le abrió.

Supuso que seguía sentida, así que decidió dejarla sola para que se calmara.

Yolanda estaba detrás de él con un destello de rencor en la mirada.

«¡Qué mujer tan difícil! ¡Siempre termina saliéndose con la suya!».

Pero lo que más le preocupaba era Galileo. Hace un momento, cuando Nanette se fue corriendo en medio del llanto, Yolanda vio claramente cómo él fruncía el ceño.

En su mirada se le notaban la tristeza y la angustia. Esa mirada antes era exclusiva para ella, ¡era imposible que estuviera viendo así a esa mujer!

¿Acaso...?

Yolanda sintió un nudo en el estómago de la pura inquietud.

—Gali, mejor vamos a mi cuarto a descansar un rato. Seguramente Nanette entrará en razón pronto.

—¿Entrar en razón de qué? —respondió Galileo de golpe, bastante irritado—. ¿De que quiere divorciarse de mí?

Yolanda nunca lo había visto hablarle con tanta impaciencia. Los ojos se le llenaron de lágrimas.

—Yo... yo no quise decir eso...

Al verla llorar, Galileo se sintió aún más fastidiado.

No entendía por qué, pero ver a Yolanda llorar ya no le partía el alma como antes.

En cambio, ver llorar a su esposa le dejaba la culpa hecha un nudo en el pecho.

¿Qué le estaba pasando?

Aun así, en el fondo le guardaba cariño a Yolanda, por lo que se esforzó en tragarse el coraje.

—Perdón, te hablé muy feo ahorita.

Yolanda lo miró con los ojos llorosos.

—Gali, no me pidas perdón. Cuando lo haces, siento que te alejas de mí.

Galileo le dio una última mirada a la puerta cerrada.

—Vamos, te acompaño a tu cuarto.

Nanette pegó la oreja a la puerta. Solo cuando dejó de escuchar ruido afuera, corrió a llamarle a Camila.

Tras contarle todo, su amiga lloraba de la risa al otro lado de la línea.

—¡No manches, Nanette! Ya deja las computadoras y métete de actriz. Te juro que con esa actuación te llevas de calle a cualquier estrellita, ¡el Óscar es tuyo!

Nanette estaba boca abajo en la cama, pateando el aire distraída.

—Antes estaba enamorada de Galileo, y por él era capaz de ceder en todo.

Capítulo 31 1

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