Entrar Via

No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 70

Nanette no se contuvo para nada.

La rabia le hervía en la sangre, haciéndole perder los estribos.

De un día para otro, habían cambiado al personal.

¡Era imposible que Melba se hubiera ido sin siquiera despedirse de ella!

Nanette la fulminó con la mirada.

—Si sabes cuál es tu lugar, mejor cuida lo que dices. A mí me vale madres si eres pariente de quien sea, ¡para mí solo eres la empleada!

—¡Así que mejor cierra la boca!

—¡Usted...! —Luisa estaba que echaba chispas.

Con razón, antes de llegar, Anatolia le había advertido que en la familia Godoy había una mosca muerta que nadie soportaba.

Luisa la maldijo en sus adentros.

¡Efectivamente, era una vieja amargada!

—¡Galileo! —Nanette sentía un nudo en la garganta—. Melba te vio crecer, te trató como si fueras su propio hijo. ¡¿Cómo pudiste hacerle esto?!

Galileo, que también andaba de malas, le soltó la verdad de golpe:

—Tanto Anatolia como Ivón piensan que Melba ya está muy vieja y que ya no rinde igual. Querían a alguien más, ¡¿qué querías que hiciera?!

Galileo apenas se había enterado de eso la noche anterior.

Anatolia fue muy clara con él: si después de tantos años Melba no había aprendido a ser leal a ellos, ya no la necesitaban.

En el fondo, a Galileo también le dolió que se fuera.

Pero le importaba mucho más mantener su buena imagen frente a Anatolia que defender a una empleada.

Nanette intentó calmarse y, de repente, ató cabos.

—¡La corrieron porque ayer me trajo comida a escondidas! ¡Querían darme una lección!

Galileo puso mala cara.

—Tú solita dijiste que no ibas a comer en todo el día para reflexionar. Y luego le pides a Melba que te pase comida por debajo del agua. ¡A fin de cuentas, tú fuiste la que la metió en problemas! ¡No tienes a quién más echarle la culpa!

Nanette sintió una punzada en el pecho.

Tenía razón, ella había perjudicado a Melba.

Nunca había visto a Nanette humillarse así.

Que se rebajara de esa manera por alguien que ni siquiera era de su familia.

Anatolia le respondió con su tonito sarcástico:

—Ay, yo ya no me atrevería a castigarla a usted, Nanette. Pero Melba trabajaba para los Godoy, y si los empleados la riegan, hay consecuencias.

—Si hay algo que no tolero, es la gente malagradecida que le escupe a la mano que la sostuvo.

Nanette respiró hondo.

—Melba me tuvo compasión, tenía miedo de que me enfermara por no comer, por eso lo hizo.

Anatolia barrió a Nanette con una mirada de puro asco.

—¿Por quién tomas a esta familia? ¿Y a mí, que soy la que manda aquí? Te crees muy lista, ¿verdad? ¿Piensas que tú sola nos vas a ver la cara a todos?

Ivón le hizo segunda:

—Por creerte tan viva te salió el tiro por la culata. Mi mamá no es ninguna tonta, ¿creíste que la ibas a engañar?

—Sabíamos perfecto que ibas a engatusar a Melba, por eso no te quitamos el ojo de encima. ¿Te creíste que porque salimos podías hacer tus teatritos a escondidas?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó