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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 824

La primera reacción de Ulises fue correr hacia la puerta y abrirla solo una rendija.

Menos mal, no había nadie afuera.

Si la señorita Zamora llegaba a escuchar eso, se desataría un infierno.

Tras cerrar con seguro, Ulises volvió al centro de la habitación. Joaquín seguía con cara de no entender nada.

—Joven Noel —susurró Ulises—, con esas cosas no se juega.

Noel miró directamente a los ojos del mayordomo.

—No estoy jugando, Ulises. El bebé que Nanette lleva en su vientre es mío.

—¿Tú...? —Ulises estaba boquiabierto—. ¿Cuándo ustedes...?

Noel volvió a fijar la mirada en Joaquín, quien seguía petrificado.

—Papá, ¿recuerdas que hace tiempo te mencioné que había congelado mi esperma?

Joaquín parpadeó, volviendo a la realidad.

—Sí, ¿y qué con eso?

—Cuando Nanette se sometió a la inseminación artificial, la clínica cometió un error. Usaron mi muestra. Por lo tanto, el bebé que espera... es mi hijo biológico.

Joaquín sentía que estaba escuchando una película de ciencia ficción. Todo le parecía completamente irreal.

—¿Me estás mintiendo?

—Papá, ¿de qué me serviría mentir con algo así? En cuanto el bebé nazca, una simple prueba de paternidad lo confirmará.

Era cierto.

Un examen de ADN resolvería cualquier duda.

Ulises no cabía en sí de la impresión.

—¡Dios mío, Don Joaquín! ¡Esto tiene que ser obra del destino!

Era increíblemente absurdo, pero maravilloso.

El rostro de Ulises se iluminó de pura alegría.

—¡Señor! Si la señorita Larco de verdad lleva a su nieto en el vientre, ¡eso significa que habrá un nuevo heredero en la familia Cortés! Es una bendición caída del cielo. ¿No era esto lo que usted tanto pedía? Pues ya lo tiene. Debería estar celebrando.

La mente de Joaquín era un remolino de pensamientos encontrados.

La noticia era demasiado impactante.

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